domingo, 6 de abril de 2008

Asfalto.

Odio tu cinismo liso,
tus líneas de pintura nauseabunda y que al mirarla
resplandece.
Te ofreces para que vaya deprisa y
no piense.
Sé dónde pretendes llevarme, entonces ¿por qué
debo ir?
Los cruces son el colmo de tu hipocresía, me dices:
Decide.
Decidiré abandonándote.
Huiré de ti, tal vez
abandonaré también mi vehículo.
Me perderán los satélites, los radares,
me encontrará perdido la verdadera gente.
Me mostrarán a oscuras el planisferio
y me dejarán solo
ante miles de infinitos.
Bajo el cielo simplemente,
sobre nadie,
como viento entre aire.

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