miércoles, 2 de abril de 2008

El horror



Las tortugas eclosionan por doquier.
Surgen después de comer.
Nacen del vapor de la siesta.
Salen al olor del sueño que alcanza su madriguera,
oculta en el documental.


Busco en vano el punto exacto del que nace su cauce imparable,
parecen aflorar por ósmosis desde la modorra al aire.
No hay lugar por donde no se cuele una tortuga quimérica
por angosto o tortu(g)oso que éste sea.
El miedo es libre: me escondo entre los cojines,
caparazones mullidos que me hacen invisible.
Ya están volando tortugas sanguinarias por el cielo
debí haber bebido menos. Si me muevo estoy perdido.
Una tortuga me observa. Husmea quieta.
Me amenaza con su pico. No me ha visto.
Ha escuchado un latido poco lento,
homeotérmico,
de corazón de mamífero.

3 comentarios:

  1. Pablo, ¡eres un crack!

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  2. Nunca podré volver a mirar a la cara a una tortuga sin sentir escalofríos.

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