miércoles, 9 de abril de 2008

el lugar del otro.


Llegó
flotando mansamente
la botella vacía
y no hallé en ella ningún mensaje.
Al día siguiente seguía junto a mi isla
sin decir nada.
Al tercer día la abrí y puse dentro un papel,
decía: siento haber sido egoísta, soy yo
quien te envía.

(foto: ibotamino)

4 comentarios:

  1. De un escrito de hace algún tiempo, creo recordar que el autor se preguntaba retóricamente sobre aquéllos que le leían, quizás hoy se pueda ver confirmada con mis palabras la idea que entonces él tenía, en relación a versos en la línea de “el lugar de otro”, quizás no. Tres palabras, sólo tres: sentimiento, música e inquietud.

    Pronuncian mis labios tus palabras, lentamente, como si se dejase llevar mi voz por ese mar en calma reflejado en la imagen, (tras abandonar posiblemente, a tenor de la mezcla de azules, un escenario de cierta tempestad), tratando de dar un soplo de aliento a la botella para que no vuelva. Entonces el piano, hasta ese momento suavemente acariciando mis oídos, irrumpen con fuerza….. Si no estuviera acompañada, le gritaría “huye, no vuelvas”, así que lo digo hacia adentro, mientras la impotencia se transforma en nudo…..
    No veas en mi una malvada, sé que él es un buen nadador …y el sol, que parece brillar al otro lado, infunde esperanza…sólo tiene que recobrar la ilusión……

    Pero la inquietud permanece conmigo, me acompañará toda la tarde, mientras observo que la clase está en calma, que nadie copia…Y es entonces cuando, por un pequeño instante, quisiera saber si he comprendido al Creador, pero no, en realidad no quiero una mano amiga que me diga “despiértate y anda”.

    ResponderEliminar
  2. Estaba la mar en calma,
    la luna estaba crecida:
    Moro que en tal signo nace,
    ¡no debe decir mentira!

    ResponderEliminar