martes, 26 de agosto de 2008

2001/09/11


Mientras solo una estaba en llamas
todo iba bien.
Era igual que otros días en este mundo de desgracias.
Pero dos puntos, por muy próximos que estén,
definen una línea
- cuanto más juntos, más difícil precisar su dirección -
y la otra torre también ardió.
Y el mundo fue surcado por un nuevo meridiano,
cartografiado solemnemente
por el único con la prerrogativa de intentar paliar sus trazos,
el casual centro de una elipse de derrumbados focos,
como si solo el óvalo determinase el lugar de la razón y de la libertad
y no al revés,
o se difuminasen ellas entre el simple polvo catastrófico,
encomendándose a Dios, como los santos, como
los terroristas.

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