miércoles, 8 de julio de 2009

azeóTROPO


Veo a todas horas anuncios
sobre bebidas alcohólicas,
y mi familia las bebe,
han bebido siempre como esponjas.

Y mis amigos también.
(Punto y aparte).

He visto abrevando en la taberna
a desconocidos totales,
personas solas,
hombres, mujeres y niños.
He asistido al trasiego del alcohol por todo el reloj del sol
y de la sombra:
desde las seis, en el alba,
hasta las cinco.
Y en todas partes:
en el fútbol, los teatros,
las iglesias;
los medios de transporte públicos
y privados, valga o no la redundancia;
los más variados actos sociales, incluso los más luctuosos...
sí, he visto correr la bebida como alma que lleva el diablo, ojo,
literal:
me ocurrió en un funeral.
No sé de ningún otro remedio eficaz
para la vida social de los pueblos,
o para, de las ciudades, la soledad.
Aunque quizá exista, no lo dudo, en otros lares, en este lar
la solución son los bares.

Pero si preguntas a cualquiera
por la calle o en tu casa,
con resaca o sin ella,
y tenga la edad que tenga,
sobriamente te dirá:
¿beber yo?
no, no, qué va...
beber alcohol está mal.

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