sábado, 6 de febrero de 2010

Donatello au milieu des fauves


Guardo un rincón a la poesía
en cada tramo final de mis cuadernos
de la cuaderna vía.

En esas pocas páginas escribo a mano alzada
ideas escogidas, responsabilizadas
por sus predecesoras, cuya pesada carga
debe asentarse en ellas como si fuese su asa.

¿Qué poema podrá rivalizar con los teoremas?

Por eso temo fracasar y tantas veces no comienzo.
Cada palabra ha de ser digna de la que la precede,
y la primera letra siempre será perfecta
por inocente.

Hay un espacio en el que nunca escribo, por lo tanto,
el último, la última página, tan blanca,
se queda siempre en blanco.

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