lunes, 8 de marzo de 2010

Vergüenza.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra

no podría volver y despegar

el cable de aquel vientre, ni enviar

la carta del soldado.


Antonio Gamoneda





Mi hermano no quería ir si yo no iba,
una sola bicicleta para dos, era la infancia,
y yo prefería ir solo.
No siempre sucedió así, supongo,
pero es lo que recuerdo
de aquella época maldita
que solo puedo ver como a través
de unos cristales.
Así que sé que él,
dos veces, por lo menos,
se quedó en casa
y yo me fui a pasear en bicicleta.
Yo le decía "vete tú, si quieres,
pero entonces yo no voy,
ya iré otro día".
¡Pero él no quería ir si yo no iba
y yo prefería ir solo!

Yo quería a mi hermano más que a nadie
y le dejé tirado en casa
mientras sentía, pedaleando,
la nueva libertad,
la soledad,
que hoy es mi hermana.

Me siento miserable al recordarlo
aunque quizá mi hermano no se acuerde,
pero fue así, y mientras yo sea yo así habrá sido,
y mientras haya sido así habré sido miserable.

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