domingo, 19 de junio de 2011

Los que me compadecen y los que me deploran conforman una pléyade de gilipollas.




Soy poco original.
Amo a la gente que me ama.
Odio a la gente que me odia.

Pero mi amor es uno.
Pero mi odio es otro.

A mí me odian muchos
-yo tengo ese don-
me aman pocos.

Pero mi amor es uno.
Pero mi odio es otro.

Mi amor es uno y lo reparto entre los pocos que me aman.
Mi odio -otro- lo comparten entre muchos
que me odian.

Por eso a los que amo los amo más.

Por eso odio tan poco a cada uno que me odia.

Y a ti te amo tanto porque eres única
o único mientras me amas.

Te amo tanto como odio a todos juntos,
los que me están odiando,
más los que te están odiando a ti,  al menos,
mientras tanto.

Ay, odiarín, odiante anónimo, odiuno,
te odio tan poco...

Pero mi amor es uno...

pero mi odio está infinitamente repartido
y no odio a nadie,
y nadie es, para mí,
aquel que odio.

Pero mi amor es mucho.

Soy poco original.

Mi amor es todo.

Yo tengo ese don.

4 comentarios:

  1. Qué cosa más bonita. Creo que todos tus dones parten de ése, que es central.
    Besos, Delia.

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  2. Yo quiero ese don. Y otros dones tuyos, como el de poetar, por ejemplo. Beso.

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  3. Tú también estás opositando a polémico, que ya lo he oído por ahí. Comparto contradicciones como las de este poema. Me encanta el título del blog. Un saludo.

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  4. Algunos tenemos la misión de equilibrar esta desproporción. Un dedo de odio por un cuerpo entero de amor.

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