jueves, 8 de septiembre de 2011

Tu tiempo libre




Los domingos están para ir
de la cama al sofá, y del sofá a la mesa,
y de la mesa otra vez al sofá...
y para arrastrarse por la moqueta
y para morder el polvo
y para ser una oruga en pijama
y para comer patatas congeladas
y hamburguesas, y pizzas, y sushi,
y mierda
y beber cocacola, o cocacolalight,
o cocacola descafeinada, o zero,
o mierda,
y para que sin salir de casa gastemos en luz,
en teléfono,
en comida a domicilio, en venta
por catálogo, en aplicaciones de iPhone,
en mierda,
y para que recemos un credo de la Iglesia
de IKEA: por mi culpa
no tengo más dinero, por mi culpa
el mueble está embalado,
por mi gran culpa
lo pagaré a plazos.
Y del sofá a la mesa
y el partido de Nadal,
y de la mesa al sofá, y el partido de fútbol,
y del sofá a la cama,
y la película de la semana,
y los doscientos anuncios,
y la teletienda.
Y para eso están los domingos,
para irnos a la mierda, el día del señor
para eso está,
para eso estamos nosotros,
para ir arrastrándonos
de su cama a su sofá,
y de su sofá  a su mesa,
y para que él pueda hacer lo que le parezca
el lunes y el martes y el miércoles
y el jueves y el viernes
y el sábado
y el domingo.
Y lo haga de pie, o volando,
o en coche oficial,
mientras nosotros, a rastras,
como orugas en pijama, pensamos
que hay que acostarse pronto,
de la mesa al sofá,
porque ya casi es lunes,
y mañana, otra vez,
madrugamos.
Y del sofá a la cama,
y de la cama al trabajo,
al sofá,
a la cama,
al trabajo al sofá a la cama,
al trabajo al sofá a la cama,
al trabajo a la cama
al trabajo a la cama
altrabajoalacama
altrabajo!...
¡a la mierda!
a la mierda.

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