Se fueron apagando los jadeos,
los suspiros y los síes de la casa de al lado
hasta que no se oía ninguno ni su eco,
sustituidos por motores alejándose, adioses
públicos en los aparcamientos.
Y el Sol se hizo notario en las habitaciones del baldío.
Y las semillas yacen en el invernadero.
Ya no es lo que era. No creo que se quejen mucho las semillas ;)
ResponderSuprimirSaludos
Muy bueno! Me gusta un montón.
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