martes, 15 de julio de 2014

Calles con nombres de monte












"Es mejor no saber hasta qué punto la persona que te vende el pan cada mañana es una persona despreciable"
Angélica Liddell

Yo tenía cuatro años.
Cinco años.
Seis años, poco más.
Y compraba el pan en la plaza Mayor de Llaranes.
Llaranes era mi mundo y la plaza Mayor
era el centro del mundo.

Y compraba el pan con mi madre, me llevaba
de la mano hasta allí, a dos calles
-Río Eo seguro, era la nuestra,
Río Nora no estoy tan seguro. U otro río.-
Yo cruzaba dos ríos de Asturias
a los cuatro años, o cinco, de la mano
de mi madre
para comprar aquel pan.
En la plaza Mayor de Llaranes,
Avilés, Asturias,
España.
Europa.

Había un panadero. Pachona. Un panadero.
¿Qué edad tendría?
Era mayor que mi madre,
se parecía a mi abuelo en edad, desde mi punto de vista.
Era un viejo. Desde mi punto de vista lo era
¿qué edad?
Cincuenta o sesenta años
más que yo, yo qué sé,
no se le puede pedir
a una persona
que calcule la edad de una piedra,
¿qué es un año cuando solo has vivido cuatro años?
Ni siquiera recuerdas la mitad de tu vida,
el tiempo no es cíclico aún.
Mi madre era eterna;
mi abuelo, Pachona, en general los viejos,
eran mi mitología.

Yo quería a Pachona, lo veía
más que a mi abuelo.
Recuerdo su ropa: un mono azul
y una gorra.
Nadie más la llevaba en Llaranes.
Una gorra y un bigote risueño,
siempre risueño. Me decía:
¿Qué tal, productor?
Y a mí me gustaba, me sentía importante,
no le hablaba a mi madre, me hablaba a mí, ¿Qué tal,
productor?
No recuerdo lo que yo le decía, es curioso, el recuerdo,
¿Qué tal, productor? Cada día. Una barra de pan.
La pagaba mi madre.

Mi padre esperó un año o dos y me dijo:
Pachona
era un somatén.
¿Qué edad tendría yo? ¿Siete años?
¿Y qué es un
somatén?
-mi padre no hablaba conmigo de gilipolleces
como la guerra civil
o la dictadura,
se centraba en la física
rudimentaria (dos trenes que salen, etc.)
y en las matemáticas;
en tocar la guitarra, en Astérix y Obélix,
escuchar a los pájaros
y en echarnos la bronca a mis hermanos y a mí
cuando nos peleábamos. Bueno, y en el
ajedrez.-
Un chivato. Y tiene pistola.
Cuando Franco, Pachona era malo.

Qué raro era todo a los siete años, no quise
dejar de querer a Pachona, pero Pachona dejó de llamarme
productor. Yo crecí
y me iba más lejos a hacer los recados
-sin mi madre-
a otra zona del barrio.
En dónde las calles tenían nombres de monte:
Calle monte Cauribo,
Aramo, Naranco...

si no me creéis, podéis buscarlo en un mapa,
fue así.


3 comentarios:

  1. Cuando eras pequeño los panaderos eran así. Pachona siempre será Pachona, y las calles no podían llamarse de otra manera.
    Buen poema, Pablo.

    Besos

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  2. La biografía ya es cartografía. Nos ofreces el mapa de un mapa.

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  3. Te lo he oído recitar hoy y me ha encantado.

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