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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Ciática etcétera

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Para Gema Bocardo, con mis mejores deseos
Miro la cara de mi dolor
de espalda.
Mi dolor ladra.
He visto un instante esos ojos del perro
con rabia, como un relámpago
he vuelto a mirar lejos,
como He-Man, como Skéletor,
en dirección contraria,
dando la espalda al dolor espejo,
cobarde acto reflejo.

No queda nada
más que avanzar,
carga clavada en cada vértebra,
pasado anzuelo, plomos de pesca, recuerdos.
Bisagra desagradecida de presente, espalda férrica,
rojo tiñendo la revancha
de mañana sobre un hoy ya ayer, ejecutando
su derecho
de doler.

Horas de estudio a la espalda,
espalda pasada concentrada en un punto
lumbar de dolor, transido umbral,
venganza
que me traspasa,
puñalada envenenada de un pasado mal
perdedor.

Ser tan idiota

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Hay que sentir que el día está arrugado para tratar de alisarlo en un cuaderno y que la Tierra gira haciendo un ruido que se percibe al escucharlo en el silencio.
Que las palabras tienen gatos encerrados que al abrigarlas huyen, sorprendentes, y sorprenderse como un niño entre palomas que baten alas de maíz sobre sartenes.
Hay que estar loco solo a ratos para escribir poemas que sean cuerdos, saber cuál es, de los dos pies, el pie derecho, después ponerle un cómodo zapato izquierdo.
La vida es hoy un bólido de hielo y para vernos hace falta microscopio, es una lente lenta, la poesía, porque es precisa y porque necesita tiempo.
Para escribir poemas hoy en día, como siempre, hay que leer mucho, andar muchísimo, saber cambiar por un último verso diez mil versos penúltimos, mirarse en el espejo y hacerse las preguntas sin respuesta, para vivir en puño y letra.
Hay que tener tan solo una certeza, entre mil dudas, de ser poeta.

De CERNutrios y neutrinos

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A mis muchos conocidos físicos,  incluido el informático candidato al Nobel de esa disciplina.
Un suizo tira un neutrino,
con rosca, a un italiano,
como Marco trasalpino,
solo que por las alcantarillas
de los Montes Apeninos.
Y el italiano declara
que le ha dado y le ha dolido,
que las teorías de Einstein
quizás fueran infundadas,
que ya no tendrán sentido,
que Dios sí juega a los dad@s.
(Este italiano delira).

Nadie habrá podido verlo
pues arguye, ofendido,
que tardaron en llegar
los fotones que la Física
asignó como testigos.
(Tocátelos cuando lleguen,
que diría un argentino).
(Los fotones, por si no
lo habíais cogido).

De que, en nuestra coyuntura,
esta denuncia haya sido
la figura informativa,
la estrella fugaz preferida
en primicia rotativa
por el orto periodístico,
se desprende que esta crisis
tiene origen subatómico.
Un neutrino no hace daño
ni a velocidad lumínica,
aunque más rápido puede,
pero hay que estar tan fuerte como Federer
que es un suizo muy atípico
porque aunque sea …

Cara rara

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Raras, las caras,
si no sabes,
a primera hora en la ciudad,
por ejemplo en el metro, o en el atasco
rápido.
Si no sabes ponerlo en su contexto.
Las caras raras
de los trabajadores bien vestidos,
de maletines negros, de corbata,
zapatos
de cuero, caras
de cuero,
como perplejos.
(No es la hora
tan temprana)
(no es
solo la hora).
Perplejo el gesto.

De los trajes con trabajadores dentro,
su sueldo puesto, su puesto,
supuesto
traje. Su miserable
manejo de, sí, su tiempo.

Oyendo las deco-radios.

Mientras en los colegios,
sinceridad humana mutilada
como pies de mujer china, como
clítoris sahariano,
como bonsai, como seto,

lágrimas desoídas,
llantos amortiguados,
lógicas de asfalto.
Guarderías.
Los barrios



huecos.



Repitiéndose, las noticias
calmando la locura de estar quietos
(en el atasco, pero
en las cafeterías, las oficinas,
el metro, por ejemplo).

El inefable afeitado.
(La afeitadora eléctrica, la radio,
el ladrón. El ruido higiénico.)

Gafas de ver lo pequeño,
perplejo el gesto,
la hora …

Poesía pírrica

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Cuánto hay que llorar para enarbolar una sonrisa, para recordar riendo todo lo que nos llegó a llevar al llanto.
Todo el tiempo el tiempo pone a cada uno en su lugar…
lloro en el presente río en el futuro, quizá solo es cuestión de perspectiva:
la risa es recordar queriendo aquello que uno olvida.

METRO BLOOD

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Oye la música y se queda petrificado,
el único personaje de esta película que la escucha,
que sabe que no hay conversaciones sino diálogos,
que no hay amaneceres sino iluminación,
que no hay ebriedad sino grandes actores del método
en mitad de una oscuridad fingida de noche americana.

Los demás se creen la luz de los espejos
y el tráfico despreocupado de los millones de figurantes
que solo van hasta la esquina, donde la Gran Manzana
reparte bocadillos, fuera de plano.

Y en los cines asisten a obras de teatro dentro de las películas
amenizadas con coreografías sinfónicas deliberadamente artísticas.

Sospecha que es un secundario silencioso,
oye la música que otros sienten como imágenes,
viste de negro riguroso porque sabe que da bien en cámara.

Observa a los demás incrédulo y los admira
preguntándose qué saben ellos que él desconoce,
cómo han llegado a creerse la impostura.
Por qué se portan todo el tiempo como personajes.

Duda que  sea posible ignorar las acotaciones
garabateadas en l…

La nada holística

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La vida está entre la arena de los parques,
está entre las hojas de los árboles, está...
está entre las palabras, entre las lágrimas...
la vida está.
Se parece más a la luz que a los colores
es más como el sonido viajando antes del tímpano,
la vida es lo que no es nada entre todo
porque simplemente todo, todo solo,
no es nada diferente
de la nada.

La vida es lo único que existe.

Lo único que Dios no preveía.

Primer curso de la ESO

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El unicornito caga
boñigas opalescentes
mientras su padre, que lo ve,
se relincha, silencioso,
y entre dientes:
¡cuándo cuernos
(singulares)
va a madurar este potro!

Todos los padres desean
que sus hijos les mejoren,
pero ¿acaso ha visto alguien
unicornios de provecho?

Tu tiempo libre

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Los domingos están para ir
de la cama al sofá, y del sofá a la mesa,
y de la mesa otra vez al sofá...
y para arrastrarse por la moqueta
y para morder el polvo
y para ser una oruga en pijama
y para comer patatas congeladas
y hamburguesas, y pizzas, y sushi,
y mierda
y beber cocacola, o cocacolalight,
o cocacola descafeinada, o zero,
o mierda,
y para que sin salir de casa gastemos en luz,
en teléfono,
en comida a domicilio, en venta
por catálogo, en aplicaciones de iPhone,
en mierda,
y para que recemos un credo de la Iglesia
de IKEA: por mi culpa
no tengo más dinero, por mi culpa
el mueble está embalado,
por mi gran culpa
lo pagaré a plazos.
Y del sofá a la mesa
y el partido de Nadal,
y de la mesa al sofá, y el partido de fútbol,
y del sofá a la cama,
y la película de la semana,
y los doscientos anuncios,
y la teletienda.
Y para eso están los domingos,
para irnos a la mierda, el día del señor
para eso está,
para eso estamos nosotros,
para ir arrastrándonos
de su cama a su sofá,
y de su…

de la cama al sofá...

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Hay que entender
que mientras todo el mundo haga lo mismo
por las tardes,
que mientras todo el mundo haga lo mismo
los domingos,
(hay que entender que todo el mundo ya
hace lo mismo de mañana,
que todo el mundo ya de noche
hace lo mismo, hay que entender
que todos nos quejamos de lo mismo)
que mientras esto siga así,
quejándonos sin hacer nada
todos, por una misma causa,
y haciendo lo mismo los domingos
y haciendo lo mismo por las tardes,
hay que entender que nada va a cambiar
para nosotros,
y que quizá al principio nos parezca
lo más cómodo.