viernes, 13 de febrero de 2009

In Paths Untrodden


a Jorge del Valle



La hierba le dijo al árbol:
Los coches vuelan,
Y al árbol le temblaron las raíces de la risa.
Y la hierba insistió: no tiene gracia, insisto,
yo lo he visto.
Pero el árbol ya pensaba en otras cosas:
en el viento entre su fronda,
en los hongos a su sombra...
y la hierba repitió:
¡los coches vuelan!
Pero nadie le creyó.
Hasta que un coche voló
para darle la razón.
Dentro, su conductor reflexionaba:
la hierba es el cielo,
el suelo está vacío,
me voy a matar, de lo raro que es esto.
A veces la realidad se vuelve tan rara que resulta insoportable y nos morimos.
No es fácil ver el mundo dentro de un coche volador descontrolado,
sin embargo, la vida y la muerte no tienen nada que ver con lo que vemos,
por eso a veces no hay árboles en nuestro camino,
aunque invadamos su espacio aéreo.
Nosotros, como los árboles,
solemos tener la cabeza llena de pájaros
y creemos en dioses carpinteros.

2 comentarios:

  1. El colorido de la imagen bien sugiere algo así como "to stray from the path of virtue", pero el contenido y la dedicatoria, seguramente a un ser muy apreciado, nos llevaría por un camino mucho más delicado; así que como gato escaldado que del agua huye, réplico la última sucesión de versos:
    Qué me dices de las prodigiosas manos, que siguiendo los cantos de los pájaros de la cabeza, ejecutaron retablos de talla en madera, que todavía absortos nos detenemos a comtemplar.¿Habrá al Dios carpintero que merezca la salvación?

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  2. Yo solo digo que la salvación no depende de merecimientos, aunque a veces, como en el caso de mi amigo, coincide.
    Y que las personas-árboles tienen la sensación de firmeza que les dan sus raíces, cuando la firmeza real está en la tierra.

    Gracias.

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