sábado, 19 de septiembre de 2009

El sueño de nadie bajo tantos párpados.


Rose, oh reiner Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unter soviel
Lidern.

Rosa, oh contradicción pura, placer,
ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.





Leo a Rilke, o a Emily Dickinson,
y entiendo que la poesía ha de empaparte.
Que, como persona debes ser frágil y pálida,
tener la determinación insana
de convertir tu sangre en tinta,
y tu sudor; de que los demás
desadhieran apenas surgen de tu piel
tus poemas
como quien cambia las vendas a un leproso,
con la enfermedad supurada intacta y venenosa aún.
Que has de explicar todas tus lágrimas,
alineándolas con mimo de entomólogo,
cubriéndolas con un barniz
que las preserve del sol y del olvido
y lloren siempre, así, como si hubiesen caído de los ojos,
diferentes, que las ven, tiempo más tarde.
Cierro el libro y pienso
que yo no sé vivir de esa manera,
y que quizá no me compensaría de las pérdidas.
Que yo quiero vivir pisando el suelo,
que aprecio demasiado el sexo y la comida,
que necesito el sol,
que amo el olvido.
Que prefiero leer a Emily Dickinson
-ella siempre vistió de blanco, como el papel sin ella-
que ser Emily Dickinson,
prefiero leer a Rilke que ser Rilke,
con su vida romántica de poeta.
Y después pienso que pienso tonterías
y que ellos no eran quienes yo creo que fueron,
y que escribían en los márgenes de su existencia,
como todo el mundo hace.
Y abro el libro y leo, tiempo más tarde.

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