Vida de un poeta.




Primero debí de ser un niño humano gateando,
eso no lo recuerdo,
pero recuerdo el suelo arrugándose
hasta que parecía moqueta, hasta que era césped,
hasta que era el fundamento de una selva
lleno de enredaderas, de matorrales,
de hojas de árbol y lombrices,
de agujas secas de conífera,
de hongos, miriápodos, líquenes,
de puercoespines y osos hormigueros.

Pero yo ya no sentía con el tacto vulnerable del bebé
sino con las pezuñas de un cachorro de tapir, y lo husmeaba todo,
lamía todo, y alguna vez mastiqué piedras por error
tras confundirlas mi inexperto olfato con alimento
por su aparente vida.

Y seguía el rastro de un vago aroma que se iba concretando
o acaso fueron mis sentidos los que con cada paso
se agudizaban. Hasta que un día
di con mi cráneo contra el tronco de un gran árbol
plantado en el vórtice de la pluvisilva.

Al ver mi sangre derramándose en su base
uní mis lágrimas a ella, y lo maldije,
y dormí junto a él toda una noche
mientras las víboras se me enroscaban
entre las patas y en torno al cuello
y los mosquitos y las hormigas rojas
me devoraban.
Y ya en la primera duermevela escuché el zumbido
de la mosca tsé-tsé.

Llegó un nuevo amanecer y cuando abrí los ojos
tenía ya garras en vez de manos y de pies
y como un simio adolescente huía tronco arriba,
rompiéndome las uñas, arañando
la corteza, dejando con cada rasguño
más lejos, más abajo, el mundo de los depredadores.

Apareció el cansancio porque es un árbol recto, inabarcable,
sin salientes a que asirse en el ascenso
más que las pupas relucientes de ramas olvidadas,
pulidos por tanta dentellada y arañazo;
también la tentación de alguna rama cómoda,
desvío hacia el abismo.

Así que sigo en el único camino,
mis manos ya no sienten el dolor, es solo un tacto,
y la corteza es corcho y no tiene sentido
el descanso de los brazos y las piernas,
solo la vista desde la cúspide o la extenuación
y la caída.

En el atardecer llego a la primera yema
de la que surge el ramaje que compone
la copa ingente que aún cubre el sol en el crepúsculo,
frondosa y gigantesca.

Paso la noche en ella junto a otros animales,
y veo aves nocturnas, loros del paraíso,
murciélagos frugívoros, vampiros,
la boa constrictor, la tarántula,
las orugas, los monos aulladores,
y todas las especies arborícolas del mundo.
Las musarañas, los perezosos,las panteras;
el hipnótico jaguar, acechándonos a todos.

Me alejo al alba por una rama sólida a mis ojos
entre todas las que parten a insólitos destinos,
florales, fructuosas, rectas como el bambú,
lloronas como el sauce, frágiles como la paja,
envueltas por las llamas, o algunas tan cubiertas
por el musgo, o por los hongos, o por las salamandras
que son impracticables;
y muchas otras
que ni siquiera he visto.

Trepo a este árbol único que voy imaginando
mientras lo elijo, porque no puedo detenerme ya
en las bifurcaciones del follaje infinito,
y añoro el tallo unívoco del fuste vertical
y olvido su cansancio porque lo cambiaría
por la arbitrariedad omnívora actual
de cuanto dejo atrás.

La rama se aligera,no importa cuál elija,
y aumento mi velocidad y cada vez resulto
más pesado en menos tiempo y para evitarlo vuelo
como una ardilla planeadora en arriesgadas acrobacias
y en ocasiones mi sombra se proyecta por el suelo.

Y paso fugazmente junto a nidos olvidados
en los que llego a ver reliquias, maravillas,
los restos de un hogar a cielo abierto en el que el fuego es solo ya ceniza
y entre ella hallo egagrópilas de épocas pretéritas
junto a las alas descoloridas de ancianas mariposas, huesos de pájaro
y plumas sueltas de toda aerodinámica
y hasta una aspa desvencijada
de un helicóptero.

Recorro el ápice sin darme cuenta y salto
por un instante de inercia hacia las nubes
y en ellas trazo un leve remolino
y soy después gota de agua
y lluevo
y llego al suelo en un segundo
y lo atravieso
y confundido, en trance,
me absorbe la raíz.

Y al fin, olvido.

en mi opinión (live)



En mi opinión,
el amor es una mierda.
En mi opinión tú me has dejado
por otro que en mi opinión
es un hijodeputa sin corazón.

Todo esto ha sucedido en mi opinión.

En mi opinión, en la que el amor es una mierda,
tú eres una mujer única,
tú conoces mi intimidad mejor que nadie
y no te gusta.
Te has ido con otro,
en mi opinión,
porque te parecía más fuerte.
En mi opinión tú opinas eso de él,
y en mi opinión lo es
pues no te ama y el amor
nos hace débiles,
en mi opinión.
Tú le amas a él, en mi opinión,
porque eres como una niña impresionable,
como la niña a la que yo impresionaba,
sin amarla tanto como ahora,
cuando mi fortaleza era más aparente.
Y en mi opinión es vergonzoso que me dejes.
Te degrada como persona,
en mi opinión,
y en mi opinión te odio por idiota.
En mi opinión todo el mundo se equivoca
excepto yo, y es obvio, en mi opinión,
que tú estás equivocada.
Que ese galán de cuento que ves en él pasará,
y lo que quedará de él
no será más que yo,
que lo que de mí queda después de ti,
que te he amado, en mi opinión,
más que nadie te amará
y te seguiré amando, en mi opinión, eternamente.
En mi opinión sufro el dolor más intenso de la Historia
del dolor, porque mi amor fue mayor que ningún otro,
y, en mi opinión, la Historia Humana
se queda corta como elemento de comparación.
En mi opinión mi vida se ha acabado
y el hecho de que el Sol
haya salido también hoy por la mañana
es una falta de respeto hacia mí
y una muestra más de que no le importo a nadie.
En mi opinión el Universo no sabe lo que hace al ignorarme.
En mi opinión es un traidor y que se joda.
Voy a acostarme.
Y mañana al levantarme me mataré, me parece.

la mujer verbo

...y desde allí construyo a veces torres y a veces parapetos
y desde allí observo tus verbos asombrosos.

Caes como la cosa esa blanca que cae en copos
que no es avena,
como la cosa esa fría que se derrite
sobre la piel. Caes como
la cosa esa blanca que resbala
y hay que llevar cadenas para no resbalar
por ella.

Esa cosa blanca tan navideña.
pero que tampoco es la oblea del turrón.

Yo, que vengo de la lluvia que derrite,
que de niño fui llevado por la tarde,
para que la viera, como los salvajes;
yo que la recuerdo como un cuento,
como un sueño, una fecha,
como unas vacaciones a mitad de curso
llenas de regalos de otra época,
como el CineExín, como el Scaléxtric;
vivo ahora en la ciudad en la que cae la cosa esa 
cada invierno
pillando aun así desprevenido a todo el mundo.
Porque cae así, como caes tú,
copo más copo, sumando Navidad calladamente
hasta que ya resbala, hasta que ya es tarde
aunque es verano, pero aunque fuera primavera
u otoño, pero aunque fuera invierno
y nadie mirara al cielo interrogándose
-de dónde sale ahora esto-.
Y me estás llenando de infancia la rutina
y de luz de navidad los parpadeos
sin que ya sepa decir cuándo empezaste,
porque llevo ya aquí cuatro veranos
y me encanta, pero hasta éste no supe bien por qué.

Ha cuajado. Y me encanta Madrid
porque Nieva.

Poesía nivel usuario.



Nada hay perfecto,horizontal, acuático,
aquí en La Tierra
y ésta es el sitio que habitamos,
no el mar ni el cielo
ni otros planetas.

Yo pongo el nivel del carpintero
sobre mi corazón y está inclinado
hacia la diástole,
lo pongo en mi cerebro y vira siempre
al hemisferio derecho.

Y yo no soy distinto a nadie.

A veces miro por la ventana
y no veo más allá de mi interior.

Coloco el nivel del poeta sobre mi vida para ver
dónde se inclina.
No hay un nivel de vida del que me fíe.
No hay un nivel que nadie vea a simple vista.

Coloco el nivel del poeta;
no veo el nivel, veo la medida,
la inclinación que inclina,
la vida que está viviendo, la tinta
recién escrita.

Después el nivel del carpintero
sobre el nivel del poeta,
sobre una estantería,
siguen creyendo que miden algo
aun cuando no hay nada horizontal,
no hay nada acuático,
no hay nada absoluto que medir
cuando nadie ya los mira.

No hay nada que no se incline
respecto a algo que le parece recto.

Sigue el nivel creyendo que mide algo en el silencio,
que mide aún entre la oscuridad,
en el lugar aun relativo de la absoluta soledad.

El nivel del carpintero, que juzga al nivel
del poeta, que juzga al nivel de vida,
sobre una estantería que gira y ríe bajo el nivel
al que retira.

Tú. Yo. Ya.



Tú eres mi silla sin respaldo,
mi taza de desayuno sin una sola asa.
Eres mi suelo de arena movediza,
mi puente hacia la nada
levadizo.
El origen invisible de mis actos ulteriores.
Y todo el universo es nuestra casa.

Y yo tan solo soy la consecuencia de tu imagen reflejada
en un espejo oculto entre tinieblas.
Y yo tan solo el aire turbulento entre tus faldas,
el ojo atento a todo eso que no pasa. Y todo el universo
es nuestra casa.

Y todo el universo excepto yo tú eres
y yo soy solo ya de mí
excepto tuyo.

Y todo el universo, tú y yo, es nuestra casa.

Tú. Ya. Yo.




Tendrás que ser tú
quien sea yo cuanto antes.
Yo soy tú hace más de una noche,
una noche es un tiempo infinito siendo
sin estar.
Tendrás que ser tú.

Oigo el irse de tu soledad y estoy quieto.
Oigo el viento en mi cuarto que no tiene ventanas.
Palpo el leve vestido blanco, veraniego,
bebo agua, a veces sonrío.

Pero soy un invierno en un claustro.
Negro, sin sonido, sin viento.
Sin verano, sin agua.
Sin sonrisa ni aliento.
Salvo tú.

Un trozo de tú escondido, secreto
a ti,
secreto al resto del mundo,
secreto a mí. A mi trozo de yo
del que ya soy un trozo.

Hay un trozo de yo.
Hay un trozo de ya.
Hay un trozo salvador de tú.

Y tendrás que ser tú
quien sea yo cuanto antes
para ser tuyo
yo.

Para ser yo tú
ya.


ya
yo.

Para ser tu ya
yo.

Para ser ya
tu yo.

Tendrás
que ser
yo.

Los que me compadecen y los que me deploran conforman una pléyade de gilipollas.




Soy poco original.
Amo a la gente que me ama.
Odio a la gente que me odia.

Pero mi amor es uno.
Pero mi odio es otro.

A mí me odian muchos
-yo tengo ese don-
me aman pocos.

Pero mi amor es uno.
Pero mi odio es otro.

Mi amor es uno y lo reparto entre los pocos que me aman.
Mi odio -otro- lo comparten entre muchos
que me odian.

Por eso a los que amo los amo más.

Por eso odio tan poco a cada uno que me odia.

Y a ti te amo tanto porque eres única
o único mientras me amas.

Te amo tanto como odio a todos juntos,
los que me están odiando,
más los que te están odiando a ti,  al menos,
mientras tanto.

Ay, odiarín, odiante anónimo, odiuno,
te odio tan poco...

Pero mi amor es uno...

pero mi odio está infinitamente repartido
y no odio a nadie,
y nadie es, para mí,
aquel que odio.

Pero mi amor es mucho.

Soy poco original.

Mi amor es todo.

Yo tengo ese don.

lejos de ti


a Euridize


Relleno instancias para entrar en el Infierno.
(No existe tal, solo es un cuento. )

Descubro que no hay oficinas,
no hay buzones,
no hay demonios,
papel timbrado, sello oficial
infernal.

Lamentablemente no es un jardín burocrático.

Nunca irás a arder conmigo
a ese lugar infinito que he creado
porque está, lejos de ti,
en Cualquier Sitio.

Prospecto


A Silvia

Aún no te has tomado la molestia de leerme.
Me has oído recitar, como a otros, por los bares,
pero no me has entendido de verdad, porque al mirarme
siempre hay un porcentaje que se pierde
por observar los labios, los dientes, las orejas;
porque aún no te has tomado la molestia de leerme.

Y yo no soy mis labios
y yo no soy mis dientes
y no soy mis orejas
y ni siquiera soy mis ojos.

Porque habito detrás de unas pupilas, como todos,
y desde allí organizo mis ideas y mis melancolías
y desde allí construyo a veces torres y a veces parapetos
y desde allí observo tus verbos asombrosos.

Y para estar tú detrás de mis pupilas
tengo que estar primero yo detrás de tus pupilas
porque me mires tan fijamente que me leas
para que veas que, en el fondo, la tuya y la mía
son dos almas gemelas, no como todas, yo ya lo sé
porque ya yo me he tomado la molestia de leerte.

Disensos.




La regla de las mayorías puede ser aceptada como procedimiento de decisión política, pero no como criterio de justicia.
Carlos Gómez


Hay solo una forma
de erradicar las anchoas:
vertiendo por la panza abierta
de un superpetrolero
cien mil millones de toneladas
de vinagre (balsámico de Módena,
para que no se note)
y que se queden boquerones.

Solo el coste en vidas humanas
y la falta de consenso
impiden la realización del proyecto.

Esta es la época.

dibujo de Jordi Bernet

Quizá
esta sea la época
de gritar calamar gigante
en cada verso,
de gritar kraken,
¡kraken!
¡KRAKEN!
hasta que la audiencia se entere de algo,
solo UN algo,
uno por uno,
medianamente profundo.
Esta es la época en la que todo
lo que sale a la superficie de los párpados
ha de ser superficial.
Ya no se ven elefantes
más que en el zoo,
ya no se ven calamares gigantes más
que en los documentales.
Pero ahora, con solo verlos ahí,
un escolar ha visto miles
de elefantes,
miles de elefantes repetidos,
miles de calamares gigantes,
uno, el mismo, siempre,
muerto, siempre
de diecisiete metros, siempre
con un japonés de gafas,
de bata blanca, a su lado.
Miles de maravillas muertas, ninguna viva
salvo todas las que hoy
pasan desapercibidas en la ciudad,
a un instante
de los párpados.

Yo no grito kraken.
Yo susurro siete y media de la mañana,
atasco en la M-30,
tornos repletos de la RENFE,
tren subterráqueo,
amor intensísimo sin conocerte.
Tetas de plástico.

La poesía se musita mientras el mundo grita isótopos,
guerra, terremotos,
revoluciones.

diamante o párpado

Acaso  el preciosismo  en la poesía   dependa  de la joya en la mirada: si es un diamante o un párpado,  es decir, si multiplica u opaca. Te...