domingo, 3 de marzo de 2013

adultos





Pugnando por ser adultos
a los 37 años
mis amigos han tenido
hijos. 

Se agarran a su trabajo
hablan en cortos cafés
monosílabos
que sustituyen a antiguas
conversaciones. 

Y, como hombres, no lloran
aunque más que ganas
tienen motivos. 

Reprimen sus gritos
abrazando contra su pecho
su niñez adulta con cara de
recién nacido. 

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