libros



Libros por leer,
estantes llenos de libros,
libros, apilados en el suelo,
páginas apelmazadas,
cerradas como los labios
de un niño que, pequeño,
se enfada y
no quiere comer.

Y todas esas páginas negras,
todas las páginas cerradas
que guardan sus letras en el silencio negro
y eterno en la práctica
por egoísmo de las abiertas,
deteniendo con su peso el tiempo
haciendo de las páginas abiertas
un tiempo tan mínimo
que no es tiempo,
tan mínimo que no transcurre y al fin
la página abierta
es una herida abierta
como un hachazo en la madera
del árbol y sola
no significa nada,
más que un ejemplo, un instante,
una fotografía,
un crisantemo eterno abriéndose siempre,
floreciendo en una tumba
invisible
bajo tierra.

Páginas por leer,
tiempo que no es ahora:
tiempo mañana, tiempo ayer, tiempo
hace un minuto, tiempo dentro
de una décima de segundo.
Todo, en la práctica, el tiempo del mundo,
negro y eterno
por egoísmo del tiempo
actual,
el tiempo en que vivo, veo,
jadeo, siento, creo.
El tiempo humano tan mínimo
que no es tiempo,
tan mínimo que no transcurre:
que es una herida abierta
como un hachazo en la existencia
de los planetas, de las estrellas,
de los átomos.

Y digo aún que existo.
Y digo aún que leo.

Y digo que entiendo el mundo sin abarcarlo,
sin saber dónde termina, sin saber
qué es.
Digo que aún he de leer
otro libro
antes
de que el tiempo pase mi página.

Leeré aún una palabra
antes de que oscurezca,
antes de que yo sea un trozo mínimo
de negrura.
Y aún leeré una letra
como una chispa ilumina.

Y aún creeré que yo
en ese tiempo mínimo de incandescencia
podría
incendiar
el mundo.

parados giran en torno al mundo


 Todo lo que Billy podía ver eran las pequeñas porciones de espacio que recortaba el orificio exterior del tubo. Pero lo peor del caso era que él ignoraba dónde y cómo se encontraba, y ni siquiera se daba cuenta de que su situación era anormal.
Matadero Cinco
Kurt Vonnegut

Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil
parados
dando vueltas desde que el sol sale hasta la noche.
Dando vueltas como soles alrededor de un centro
que no les deja irse ni quedarse;
girando entre dos fuerzas opuestas,
la que les une y la que les aleja.

Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil
parados como soles
girando, esperando el giro
copernicano que los pare
y ponga a girar el mundo en torno a ellos.


Mientras tanto
el mundo les ve girar, inmóvil,
como el mundo ve girar el sol en torno a sí,
y llama al día sol
y al sol lo llama día.
Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil parados como días,
hay cuatro millones setecientos mil hoys
simultáneos
en torno a los que un mundo inmóvil nunca gira, y
parados giran en torno al mundo
y son hoy día tras día
porque no hay para ellos sino hoy,
porque no hay mañana para ellos
sino un hoy tras otro,
inmóvil, igual y simultáneo
al de otros cuatro millones setecientos mil hoys
inmóviles, iguales,
girando en torno a un mundo
que no sabe que gira en torno a ellos.

Y agrupando siete hoys
podemos ver una semana simultánea en una fila
esperando el día en que por fin el mundo
les haga distinguir los días
y sean consecutivos en vez de simultáneos
y los lunes no sean tan parecidos a los domingos.

Podemos, agrupando treinta hoys
ver los meses esperando, humanos,
quietos, sin saber qué tiempo de qué mes
están perdiendo, si agostos o febreros.

Podemos ver los años.

Hay trescientos sesenta y cinco hombres ahí,
trescientos sesenta y cinco hombres como días,
hay un año que no sabemos cuál,
humano, ahí, en fila.
Ahí hay trescientos sesenta y cinco hombres como un año
de trescientos sesenta y cinco días, y cada día un hoy.
Hay trescientos sesenta y cinco hoys. Un hoy, un hoy,
y así hasta trescientos sesenta y cinco hoys que son humanos
y están viviendo un ay.
Un ay su hoy. Un hoy su ay.
Ahí hay un hombre viviendo un ay.
Ahí hay un hombre diferente viviendo un ay.
Ahí hay así hasta trescientos sesenta y cinco hombres diferentes viviendo un ay
simultáneo.



Había
trescientos sesenta y cinco hombres diferentes
viviendo trescientos sesenta y cinco hoys
que hoy son ays,
trescientos sesenta y cinco ays viviendo hoy,
y hoy, y así hasta trescientos sesenta y cinco
y hasta trescientos sesenta y seis.
Y así hasta, hoy, cuatro millones setecientos mil ays
girando
desde que el sol sale hasta la noche
esperando
el giro copernicano que los pare
y ponga a girar el mundo en torno a ellos.

somos mundo



Si dios existe, lo que ha hecho
es darnos la impresión de propiedad
sobre los acantilados,
el poder único de creer que el mundo es nuestro.

Y ni siquiera es alquilado.

Porque nosotros somos mundo
como los animales, como los árboles,
como las rocas que reciben el oleaje.

De entre todos los objetos
presumimos, sin saberlo, solo de ser
los más casuales.

pringaos!




Novios de ojos cerrados
que esperan besos.
Niños
jugando al escondite.
Parpadeos.

La realidad dice que es hora de hacer ruido.
Nadie va a quedarse remoloneando
ni un minuto más.

Son nuestros problemas los que nos agitan.
No tenemos mantas
ni colchón
ni suelo
ni nadie en el piso de abajo
para parar la caída.

dentro



dentro de mi cráneo
cabe en una jarra
vulgar
de agua.
Afuera, el infinito finge,
como si la nada
fuera.

Escucho, miro;
qué soledad cuando consigo hacerlo bien.

y qué?...,

susurra el mundo.

¿Y qué?, pregunto, como un eco
que no es eco. Ni siquiera,

porque
ni yo
me recordaré.
o
¿quién
ha dicho
mis últimas palabras?
y
¿para qué?

La noche de la mujer trabajadora





Entra en la cocina
sujeta el grifo
mira a otro lado.

Habla de algo distinto mientras lo aprieta.

Yo sigo con mi vista su mirada por la ventana abierta.
Qué importa, la ventana.

Con expresión distraida,
como si hubiera hecho esto mil veces hoy,
abre la llave, que estalla empapándola.

No dice nada.
Se seca lentamente, sin apartar sus ojos de los míos.
Me ofrece un chicle.

Se va
por donde vino, hay más
averías.

Cualquier día de estos



portada de la edición impresa de El País de hoy, que no menciona la manifestación contra la reforma laboral. La portada de las páginas especiales sobre Madrid está dedicada a la sequía







Se acerca el día
después de protestar en interiores sin testigos,
después de bautizarnos en credos fatalistas,
después de arrinconarse como polvo incómodo
la palabra
hasta que no se oye
ni ve su procedencia,
está llegando el día,
después de no decir
ni "esta boca es mía" y masticar la frase
hasta volverla bolo alimenticio,
ya viene el día en que digamos,
habiéndolo pensado con naturalidad
"ni esta boca es mía"
y al día siguiente
"esta boca no es mía",
y que empecemos a hablar de lado y para atrás
y nos encaminemos por nuestros pies y manos al desastre
y nadie pueda luego protestar por algo
que nadie ha hecho,
que nadie ha dicho,
porque lo habremos dicho y hecho todos
desde ese día
que no dijimos
lo que al final, de no decirlo,
dejamos de pensar.

O ya ha llegado.

O llega cada día.

Quick Response




En el código QR de mi blog podía verse al mismo tiempo el rostro de Jesucristo sobre la Sábana Santa, una máscara funeraria carolingia, el reflejo de Aladino en una lámpara y la blanca cicatriz del obsesionado Ahab. En su centro había una cruz bizantina y en la esquina sin cuadrado, olvidada de su dueña, una arpa. Sí, así, en femenino. Al mirar en él más lejos aparecían dos líneas confluyendo hacia un Aleph. Y miré por él mil veces y mil veces vi lo mismo: un lugar ausente de sustancia, de sonidos y de vida. El silencio, del que nace nuevo todo cuando todo se termina.

poesía ERE´s tú




Un poeta entra en un bar
pide una cerveza
la paga la bebe y se va.
Y nadie lo sabe.
Nadie.
Solo la cerveza quiso hacerse cargo
de su escalofrío.

en Manhattan




En Manhattan
la luz barre las avenidas
y olvida sombras trapezoidales ocultas
tras las esquinas de las calles
Sombras que alimentan esplendores
luz aérea / asfalto
cristal / herrumbre
Miles de ascensores como burbujas
ventanas iridiscentes /
gasolina
Espuma de una fermentación nauseabunda
brilla única e iguala
noche /
penumbra

El espejo de hoy no te mira.

El espejo de hoy no te mira.

Ayer sí, a estas horas.
Afeitabas tu cara cuadrada de héroe.
Impecable, la imagen
casi sonreía.
Son ya quince años en tu cuerpo,
quince años que han hecho
de ese cuerpo el tuyo.
Y tu cuerpo no es tuyo,
el tuyo es suyo,
perteneces al cuerpo de la policía.

Y el espejo de hoy no te mira.

No recuerdas muy bien lo de ayer,
no eras ojos
que vieran de frente,
lo que has visto en la tele es basura
de los periodistas,
porque no fue así,
tú estabas allí
y ellos no.
Aunque tú no eras tú,
eras su,
porque tú perteneces al cuerpo,
y hoy por eso el espejo, quizá,
no te mira.

No recuerdas muy bien lo de ayer
porque no eres memoria
de la policía,
y tampoco ayer escuchaste otra cosa que ruido,
oías gritos sin saber qué decían,
porque no eras oídos.
Y no has sido cerebro en tu vida
de la policía,
ni conoces a nadie, por cierto,
que, cerebro, cerebro,
lo que se dice cerebro
de la policía
haya sido.

Para eso ya hay otros dando órdenes:
inspectores, políticos,
tu mujer...
porque tú no eres tú,
eres su,
y
te limitas
a
o-
bedecer.
Y quizá hoy por eso elespejo
no te mira.

Fuiste piernas, ayer, ya te acuerdas,
cuando al fin te mandaron correr.
Tú corriste a todo meter,
y llegaste hasta donde
el "enemigo"
gritaba
y en dos hostias se acabaron los gritos,
pensaste,
pero no se acababan.

Y también fuiste brazo,
porque hay que reconocer
que las hostias las diste.
Y además ayer fue
facilísimo,
Porque el enemigo de ayer
esperaba,
y llegaste hasta él
y esperaba,
y gritaba,
y pensaba.

Pero tú no eras ojos, tú
no eras oídos,

no eras memoria
ni cerebro, tú
no eras nada.

Eras un traje azul
impecable de héroe,
vacío.

Y hoy te afeitas como cada mañana
y no llevas el traje
todavía
y al ser su, no ser tú,
no hay imagen,
y quizá hoy por eso el espejo
no te mira.

diamante o párpado

Acaso  el preciosismo  en la poesía   dependa  de la joya en la mirada: si es un diamante o un párpado,  es decir, si multiplica u opaca. Te...