miércoles, 22 de septiembre de 2010

Preciosas.


Lo cierto, lamento decirlo,
pero no sería un poeta si callase
o si mintiera, o si ocultara la verdad
detrás de metáforas opacas,
es que te amo y no sé por qué,
y es que estoy reconociendo en tu ausencia
todos los ingredientes de esa magia
que siempre termina por volverse magia negra.

Y el vacío, la soledad, es uno de ellos
y es independiente de tu rostro,
de tu persona, de mis recuerdos.
Es mi vacío el que me duele.

Los poetas deberían ser humanos
y retratarlo todo.

Otro ingrediente son tus tetas.
Pensar en ellas me entristece,
lamento decirlo si molesta, pero es cierto,
y no es menos poético.
Las recuerdo más perfectas aún de lo que eran,
de lo que son, que es peor,
pues existen, todavía, en mi ausencia.
Las he visto algunas veces,
las admiraré siempre.
Una vida entera sintiéndome como si acabaran de robarme la cartera.

Es solo otro ingrediente, pero tan verdadero
como lo es la nostalgia, o la melancolía,
como la soledad, como la primavera
(inservible, selenita) o como el fin
de todo tiempo.

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