estoy muy nervioso, pero bueno



voy a recitar este poema, 
es el primero que escribo, nunca me había  subido a un escenario,
lo escribí ayer por la noche, a ver si os gusta.

Me da mucha vergüenza, 
además,
con el nivel que hay...
se lo dedico a mi chica, que me está viendo,
[mirando al público, susurrando] -¡guapa!-
sin su apoyo constante y su cariño
nada de esto  tan bonito que me está sucediendo
hubiera sido posible.

Yo ya escribía de pequeñito, pero sin enseñárselo a nadie
y, bueno, tampoco aquello lo considero poesía,
eran mis pensamientos, 
los pensamientos de un niño.

Un niño inquieto, pícaro, 
inteligente, sí, pero un niño, al fin y al cabo,
en mi perfil de Facebook podéis ver alguna fotografía.
Normalmente llevo una encima, pero me han dicho 
que aquí no se pueden usar objetos.

Bueno, empiezo, que me enrollo más que una persiana.

El poema se titula 
"te quiero",
es un título corto porque soy de los que opinan
que los sentimientos más grandes se pueden decir con pocas palabras.
Se me ocurrió el otro día, cuando la vi, a mi chica, sonriendo.
Fue como un destello de amor, y ¿sabéis? tiene gracia,
porque al principio pensé en titularlo así, "amor",
pero luego pensé que quizá ella no lo entendería.

No es que no me guste la poesía críptica, 
pero creo que hay cosas que, siendo complejas,
aún pueden traducirse a palabras sencillas,
sin recurrir, por supuesto, a expresiones manidas,
sin emplear argumentos trillados que como poeta detesto.
Veréis, 
yo, funciono así:

noto un sentimiento y trato de reprimirlo,
pero como soy tan sensible eso no dura mucho
y sin querer brota como de una fuente
un crisol de palabras inesperado
que después, al leerlo, no me parece mío.

Mi poesía es como un vómito, me poseen las musas,
yo he sufrido mucho y al escribir se nota,
pienso que el bolígrafo es como una herida,
que mi sangre es tinta de muchos colores
y que el papel venda mi melancolía.

Una vez lo escribo no vuelvo a tocarlo
pienso que el poema perdería frescura
me parezco en eso a un poeta francés,
alguno lo conocerá,
Rimbaud, que en eso se me parecía.

Voy a empezar ya, se titula "te quiero",
como he dicho,
va a estar incluido en mi próximo libro
que saldrá en noviembre, 
toquemos madera.
Me lo autoedito, es poesía independiente
no me gustan los premios ni la competencia.
La portada la ha hecho un amigo muy íntimo
que no os puedo decir, es una sorpresa,
pero es un artista como un pepino
y estoy muy contento, es un privilegio.

Además tiene un prólogo que es una pasada
lo ha escrito un poeta superimportante
que le envié el libro, así, por la cara,
lo leyó ¡y le encanta! 
¡y lo ha entendido!

El poemario es breve, pero contundente,
se titula "Amor, pero del promiscuo"
me reflejo en él como en un espejo
porque soy sensible, pero cabroncete.
Antes era más, pero gracias a ella
me estoy reformando aunque a duras penas
porque discutimos por mi libertad
y le digo siempre: porque te amo tanto
odio transformarte, 
que es un verso mío,
bueno, un aforismo.

Por cierto mi twitter es "lovers", de "love", amor, y verso,
tengo diez seguidores, yo los llamo "folovers"
y sigue aumentando, la poesía ha vuelto,
yo qué culpa tengo.

La presentación del libro va a ser diferente
con guitarra acústica, algunos amigos...
he tenido suerte y en este mundillo
gozo de respeto, pero de cariño.
Os invito a ir, creo que habrá vino.
Bueno, empiezo ya:
Se titula "te quiero"
ya, ya lo he dicho. Es que estoy súper nervioso.

Pero bueno.



Os jodéis.

Alopecia VI

La autonomía es el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional

Immanuel Kant,
Fundamentación para una metafísica de las costumbres





¡Genética alopecia!
No es a ti.
¡Stress!, que a tus congéneres aplasta,
a ti tampoco es; ni va contigo
ninguna otra histórica falacia.

Asomas la cabeza del folículo,
contemplas tersa piel: erial
anexionado bajo el yugo
imperial de la vecina frente
es, más que cuero cabelludo.

Te atajan, y vuelves a surgir
como una idea;
tratan de convencerte de que ya
no eres de ahí
y muestras tu ADN deeneí.

¡Indómito cabello que galopas la llanura!
¡Azote de la tundra!
¡Aunque tu estirpe muera
y abdique su corona melenuda en un sombrero
tú resiste
y yérguete derecho en tu raíz!

Excusatio non petita...





gas Natural fenosa
(en minúscula gas, en minúscula fenosa, en mayúscula Natural)

un dibujo de una mariposa

un par de sellos AENOR:
Empresa registrada
Gestión ambiental

Cliente
Dirección
NIF/CIF
Domiciliación bancaria
Número de factura
Fecha de emisión
Forma de pago
Fecha de vencimiento
Conceptos tarifa PVPC
Periodo
Unidad/Base
Precio/Porcentaje
Importe (en euros)

Término fijo de potencia
Energía
Alquiler de equipo
Impuesto eléctrico
IVA (21%)
Importe total
Historial de facturación en kWh
Datos de interés
(según qué) BOE, los costes


Contacte con nosotros (lunes a sábado, de 8 a 22)
Número de identificación
Página web
Facebook de clientes
Twitter de clientes
Domicilio social
Inscripción
en el registro
mercantil.



Nos están robando.

Si no
no nos darían
tantas
explicaciones.

el procesador









el procesador de texto me pregunta
si quiero la página 
normal o apaisada.

Qué fuente deseo,
de qué 
tamaño.

Después
me deja tan solo como siempre


Los detalles

a Emilio Botín, sinceramente



Mañana los periódicos titularán el día con tu nombre.
Dirán "fallece" o, tal vez, "muere",
en presente, subrayando su carácter noticioso,
como si para un lector
tu muerte fuese un hecho  que espera a ser leído,
que ocurre en el momento en que los ojos lo comprenden.

Ilustrará la página tu foto,
una cualquiera, de cuando estabas vivo,
acentuando la sorpresa:
todos los que no saben la noticia y se enteren
entre sorbos de café, o en la panadería
junto a la que está el quiosco, se dirán
que no hacía mucho tiempo te habían visto
saludable, como siempre,
sin sospechar siquiera que el final ya te rondaba.

Todo es mentira, has muerto ya.
Tu cuerpo está dejando de ser reconocible,
se toman decisiones que te afectan
solo de forma metafórica,
tu físico es un bulto incoherente.

Y sin embargo me interesa ese periódico.

Seguramente lo compraré, antes de ir al trabajo.

Y en el metro, entre artículos que glosarán tu relevancia
como banquero y tu valor incalculable para la sociedad;
o junto a líneas que algún amigo prominente
redacta ahora mismo en un ordenador
haciendo acopio de recuerdos personales para que quede claro
que él era mucho más que un simple conocido,
tal vez
encontraré algún dato
del que extraer el cómo de tu muerte.

A qué hora, junto a quién, en qué
habitación.
Cuál fue tu última palabra, tu último gesto,
sobre qué superficie
reposaba tu cuerpo y luego tu cadáver...

cómo murió ese hombre que parecía un dios
omnipotente.

Qué detalles nos hicieron iguales ante el tiempo.

Dónde encontrar ese último desprecio hacia los bienes materiales
que hallaste tú
-ese helicóptero inservible
mientras agonizabas, esa mansión vacía
tan lejos de Madrid-
y yo no hallo porque he de seguir vivo mientras me roban
tus herederos.



Va usted a entrar en un sueño muy profundo







El poeta contará hasta tres, y el lector

cerrará los ojos

abandonando el poema:

u-

no,

dos.



Calles con nombres de monte












"Es mejor no saber hasta qué punto la persona que te vende el pan cada mañana es una persona despreciable"
Angélica Liddell

Yo tenía cuatro años.
Cinco años.
Seis años, poco más.
Y compraba el pan en la plaza Mayor de Llaranes.
Llaranes era mi mundo y la plaza Mayor
era el centro del mundo.

Y compraba el pan con mi madre, me llevaba
de la mano hasta allí, a dos calles
-Río Eo seguro, era la nuestra,
Río Nora no estoy tan seguro. U otro río.-
Yo cruzaba dos ríos de Asturias
a los cuatro años, o cinco, de la mano
de mi madre
para comprar aquel pan.
En la plaza Mayor de Llaranes,
Avilés, Asturias,
España.
Europa.

Había un panadero. Pachona. Un panadero.
¿Qué edad tendría?
Era mayor que mi madre,
se parecía a mi abuelo en edad, desde mi punto de vista.
Era un viejo. Desde mi punto de vista lo era
¿qué edad?
Cincuenta o sesenta años
más que yo, yo qué sé,
no se le puede pedir
a una persona
que calcule la edad de una piedra,
¿qué es un año cuando solo has vivido cuatro años?
Ni siquiera recuerdas la mitad de tu vida,
el tiempo no es cíclico aún.
Mi madre era eterna;
mi abuelo, Pachona, en general los viejos,
eran mi mitología.

Yo quería a Pachona, lo veía
más que a mi abuelo.
Recuerdo su ropa: un mono azul
y una gorra.
Nadie más la llevaba en Llaranes.
Una gorra y un bigote risueño,
siempre risueño. Me decía:
¿Qué tal, productor?
Y a mí me gustaba, me sentía importante,
no le hablaba a mi madre, me hablaba a mí, ¿Qué tal,
productor?
No recuerdo lo que yo le decía, es curioso, el recuerdo,
¿Qué tal, productor? Cada día. Una barra de pan.
La pagaba mi madre.

Mi padre esperó un año o dos y me dijo:
Pachona
era un somatén.
¿Qué edad tendría yo? ¿Siete años?
¿Y qué es un
somatén?
-mi padre no hablaba conmigo de gilipolleces
como la guerra civil
o la dictadura,
se centraba en la física
rudimentaria (dos trenes que salen, etc.)
y en las matemáticas;
en tocar la guitarra, en Astérix y Obélix,
escuchar a los pájaros
y en echarnos la bronca a mis hermanos y a mí
cuando nos peleábamos. Bueno, y en el
ajedrez.-
Un chivato. Y tiene pistola.
Cuando Franco, Pachona era malo.

Qué raro era todo a los siete años, no quise
dejar de querer a Pachona, pero Pachona dejó de llamarme
productor. Yo crecí
y me iba más lejos a hacer los recados
-sin mi madre-
a otra zona del barrio.
En dónde las calles tenían nombres de monte:
Calle monte Cauribo,
Aramo, Naranco...

si no me creéis, podéis buscarlo en un mapa,
fue así.


TRATADO

TRATADO
DE RÍTMICA Y PROSODIA
Y DE MÉTRICA Y VERSIFICACIÓN
de Agustín García Calvo,
eres el mejor
libro de poesía
de la Historia.

Contigo no basta leer,
quiero conservarte.
Entiendo lo que debe de ser
ser padre, tener un hijo.

Temer
por él lo que uno
no teme por uno.

Creer
en el fulgor del futuro.

Amarillo.

Como tú, ¡oh! TRATADO
DE RÍTMICA Y PROSODIA
Y DE MÉTRICA Y VERSIFICACIÓN
de Agustín García Calvo. 

asco





Europa se tira pedos.
Su política
sus anexiones "pacíficas"
sus sanciones "económicas"
su Historia
su diplomacia
sus guerras colonialistas
su ciencia
su arte
sus matemáticas
solo son sus convulsiones
peristálticas.

El gas que permea el subsuelo
de ese viejo incontinente
al político europeo le hace pensar, indulgente,
que es mejor fuera que dentro.
Y cada cierto tiempo, no falla,
Europa se afloja el vientre.

Y se asfixian los de siempre.

silencios







Oídme. Y se oyó puro, cristalino, el silencio.
Vicente Aleixandre, Nacimiento último


Una sola palabra ha puesto fin
a toda eternidad silente.
Ahora el silencio existe desde ella.

Una sola palabra parte el silencio en dos,
hace del silencio anterior una sustancia 
premeditada, del posterior silencio
prerrogativa.

Una sola palabra, pero después dos, y diez,
y miles de palabras
goteando como lluvia,
inundando el silencio hasta vaciarlo
de sus significados.

Hasta restaurarlo
eterno, en otro nivel
de decibelios.

rastros de la primera luz






Hay que poner en juego todo lo que es uno
y valorar el cielo y la semilla por igual.
Buscar en cada grano de la arena
el mar desierto escondido
ver el futuro en el pasado y en el pasado
el futuro.
Juzgar la ola por el viento
y la tormenta por la calma.
Hallar en la tiniebla trayectorias
que nos hablen de pretéritos
rastros de la primera luz.

Uno todo estallando en un último verso
y aun así seguiremos
titilando inseguros.

¡camarero!







Sentado
en esta terraza
espero a que me atiendan.
Sentado en esta terraza a la sombra
de este árbol.

Busco el poema, palpo el hueco del poema,
calculo la idea
que encaja en el hueco

mientras espero a que me atiendan.

el tema al que aplicar la técnica
poética,

si es que existe la técnica poética,
si es que yo la tengo.

No importa eso, no importa si tengo o no
tengo
técnica:
espero el poema,
aunque hoy
quizá no venga.

Pienso que el poema se parece al camarero,
mientras espero a que me atiendan.

Sí,
yo también,
yo también  sonrío ahí,
en la terraza,
mientras pienso esto que os digo,
esto que os digo ahora;
cuando lo pensé
sonreí.

Como vosotros,
así que voy por buen camino
aunque no tengo tema

todavía.

No tengo cerveza

aún.

He venido a escribir un poema mientras bebo una cerveza
a la sombra
y no tengo cerveza
ni poema,
y aún así, creo que voy por buen camino.

Esto es lo que yo llamo
técnica
poética.

Todo en la vida,
toda la existencia humana
es digna de mención,
toda es digna de comentario.
Co-
mentario,
mentar algo conjuntamente,
ponerse de acuerdo en el nombre de algo,
para ahorrar explicaciones,
porque las palabras son atajos
para ahorrar sílabas,
para ahorrar saliva.
Para dejar libres los tímpanos
y escuchar mejor el rumor de la sabana
o de la pluvisilva,
por si viene un tigre
o una estampida de ñus.
Por si viene un simple mosquito
portador de la malaria
sediento de sangre mamífera.


No viene el camarero.

Tengo sed, no hace falta decirlo.
Sentado en esta terraza espero a que me atiendan.
Sentado en esta terraza
que el sol coloniza, moviendo la sombra de este árbol
tan ciego, tan justo,
tan democrático,
tan convencido de sus raíces, tan
vegetal,
que no mueve sus ramas,
que no las interpone
entre el sol y mi silla,
que no sabe que me estaba dando sombra,
o quizá me ha visto escribir y está en contra
de la tala incontrolada,
del afán humano por la celulosa.

No sé.
Lo humanos somos egocéntricos por naturaleza,
los poetas más,
como los árboles por naturaleza dan sombra,
como el sol se mueve millones de kilómetros
respecto a la tierra
y nos la quita.

El sol se ha movido
un millón de kilómetros
respecto a la tierra.
El camarero ni un metro
respecto a mí.

No tengo cerveza,
no tengo tema,
no tengo poema.

Pero tengo técnica
poética. Creo que estoy
en el buen camino.

Sentado en esta terraza
esperando a que me atiendan
los camareros, las musas;

palpando el hueco,
calculando la idea,
al sol,
bajo un árbol
que mira para otro lado.

Asombrado observa
la belleza infinita de una flor
y le da sombra.

Quizá hoy no era mi día.

Una huelga

Una huelga de la minería por la enseñanza.
Una huelga de médicos por la limpieza.
Una huelga en la industria por los
controladores aéreos.
Una huelga de alumnos por las pensiones.

Y sobre todo una huelga
de políticos.
Por la política.
Al menos
por la política.

Ah, lector


A veces no basta con la atmósfera, hay que leer otras historias.
Huir de aquí por las ventanas del papel y respirar otros alientos.
Vidas nacidas anaerobias dejan de serlo para librarnos boca a boca.

¡Ah, lector!
Submarinista ebrio de mar,
óptica branquia,
filtro de letras que desleídas de los fondos
de sedimento hallas.
¡Emerge allá,
sal de la página
ya para siempre otro!

el filtro del genio






El hígado de Lou Reed
murió en mayo.

Extrajeron al maltratado órgano
en un quirófano cualquiera de la Gran Manzana.
Fue a parar a una bandeja de metal
fuera de la vista de todos, excepto
la de la enfermera absorta
que pensaba vaguedades mientras sus blancos zuecos desapercibidos
materializaban el cortejo fúnebre.
El recipiente de la ingratitud humana es el vasto mundo.

Solo Lou Reed, al despertar,
notó que el dinosaurio

ya no seguía allí.

39, y aún






At 66 just learning how to take care of my body
Allen Ginsberg

39, y aún se le suponen a mi cuerpo
facultades poderosas
que la Naturaleza
¿en su gran sabiduría?
hace transparentar en nosotros,
mientras dura la famosa juventud,
como el aire ante los ojos.

Aquella camarera me ofrece una tapa de torreznos
duros, correosos como un cocodrilo de 100 años.
Mis supuestos dientes sonríen
mi supuesto estómago se regocija
y vierte sobre sus pliegues un orgasmo
de ácido clorhídrico.
Tal vez podría engendrar con ella un hijo,
eso estaría bien.
Él masticaría mi edad hasta hacerla cenizas.
Pablo Cortina, asúmelo,
un torrezno puede ser la piedra
extraída
de tu locura.

Aullido, (pero a Miguel Gila)









Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las barriadas de los gitanos al amanecer en busca de un colérico pinchazo.

Y aún éramos niños que jugaban a fumar tabaco a comprar cartones de tabaco
y a vender cigarrillos sueltos en el patio de la cárcel que los supervivientes del franquismo llamaban instituto.
Que recibían las hostias en todas y cada una de sus sagradas formas.
Que se ponían en fila en las aulas sin calefacción de los suburbios para aprehender la parte más violenta de la instrucción adulta.
Que hablaban entre ellos tapándose la boca y los oídos y aún así los ojos de la complicidad contaban sus historias.
Que hacía cola para humedecer sus ojos de pura rabia y aprendían a odiar el poder establecido con sus pálidas mejillas enrojecidas por el guantazo del maestro que al mismo tiempo empolvaba sus tiernas faces con polvo blanco de tiza precursora como el maquillador de una película de zombies.
Que abandonaron las escuelas y anegaron las universidades creyendo que el mundo era un embudo hacia el cielo con la ingenuidad del agua que fluye en círculos como si huyera de la atmósfera hacia otra atmósfera mejor atravesando el sumidero.
Que entraron en los bares de los viejos con el dinero de los viejos y bebieron la bebida de los viejos con furia renovada, un joven bebe lo de diez viejos lo de cien viejos, sacando el polvo de los estantes rascando el fondo de las barricas, llenando de vómito cada retrete cada alcantarilla cada intersticio de la ciudad de norte a sur, de oeste a este de la península.
Que se durmieron en las aulas magnas en los pasillos de los aularios en las cafeterías de Medicina de Económicas de Biología de Derecho de Filología. De los conservatorios entre nubes de maría y salmodias corales y escalas de teclados en el piso de arriba, de violines en las microscópicas salas de estudio, preludio de los estudios y las buhardillas que la ciudad tenía previsto alquilarles para que compartieran su rutina. Y lo hicieron.
Viajando al exilio de la colmena a través de autopistas asfaltadas para ellos, sobre raíles fijos al suelo indicando la única salida para ellos.
Mientras los viejos ebrios de dinero observaban su éxodo como los pescadores imaginan retorciéndose a su cebo bajo el variable espejo de las negras aguas que rodean a la luna.

¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?
Moloch hambriento dios inmaterial que sacia su agujero negro con la pura potencia de infancias materiales.
Moloch el alquiler inmenso el aval del inocente a mil kilómetros.
Moloch el euro que no alcanza al periódico al café con leche al pan.
Moloch la gasolina el alquiler de la plaza de garaje la zona azul la verde la naaranja. El seguro la viñeta el certificado médico del médico que certifica la asunción del nuevo statu quo con un fonendoscopio adherido a la piel sudada de la espalda como una sanguijuela ahíta pero acaparadora.
Moloch la mirada del compañero tras el panel del cubículo, reojo de caballo de carreras antes de la salida del grand prix.
Moloch la pole position ante la puerta automática del metro en el vagón que deposita el cargamento humano frente a la curva que desemboca en la escalera automática también que solo es de subida hacia otra puerta de tren o de autobús.
Moloch la prisa por ser el primero en alcanzar el ascensor que nos lleva a la rutina bajo la mirada distraída de los mil seguratas que vigilan a los negros de nosotros a los latinos de nosotros a los pobres de nosotros a los parados de nosotros y están plagados de tatuajes como cutáneas afecciones supuradas que propagan vítreos virus mentales administrados por los rayos catódicos por las pantallas planas de cristal líquido de plasma LED táctiles o teledirigidas.
Moloch las pizzas Moloch el sushi Moloch la agricultura ecológica Moloch la náusea ante el espejo los complementos vitamínicos y hormonales en el gimnasio a las seis de lamañana o a las doce de la noche.
Moloch el matrimonio coyuntural las hipotecas el semen enriquecido con enzimas resbalando por el rostro en dirección a la vagina cuyas inmediaciones depiladas imitan la inocencia del universo con su sardónica sonrisa.
Moloch mental de sueños transplantados, cráneos juveniles como jardineras apiladas en las estanterías celestes de los supermercados.
Aparcamientos gratuitos para entrar en misa aparcamientos gratuitos para entrar en galerías comerciales aparcamientos gratuitos para entrar en mueblerías nórdicas en la ribera del Mediterráneo, en tiendas de electrodomésticos en agencias de viajes a las fotografías de las revistas al último fotograma de las películas.
Aparcamientos prohibidos para entrar en los colegios y en los hospitales aparcamientos reservados para entrar en los museos y en las cárceles y en los ayuntamientos y en los cementerios.
Moloch infinito adverso genético continuo transparente aéreo subterráneo hueco húmedo tácito vírico.

Miguel Gila, estoy contigo en la trinchera donde estás más loco de lo que yo estoy.
Estoy contigo en la trinchera llamando por teléfono al enemigo
Estoy contigo en la trinchera descolgando ese teléfono entre bombas y napalm
Estoy contigo en la trinchera con el pecho oprimido entre la multitud y una valla azul que empuñan los antidisturbios
Estoy contigo en la trinchera rodeando el congreso y siendo observado desde una ventana mientras el café caliente empaña el anteojo del político
Estoy contigo en la trinchera y no llevo papeles y no me identifico y soy zarandeado y secuestrado en el centro de Madrid estabulado en la calle de Alcalá con los nardos apoyaos en la cadera
Estoy contigo en la trinchera contra vecinos aulladores que precipitan cabras los domingos al abismo, que prueban pirotecnias en los culos de las ranas
Estoy contigo en la trinchera solicitando revisiones de préstamo desnudo en el hall de los palacios que okupan los banqueros
Estoy contigo en la trinchera nadando entre las lágrimas de desesperación del que confunde el mero alivio con la felicidad y olvida el sueño del futuro.
Saboreando cada litro de oxígeno que robo a las máquinas de guerra tragaperras cada gota de agua que hurto a los mercados cada descarga eléctrica que no declaro e ilumina mi interior en el lugar que el sol ocupa en mis recuerdos y aún da luz en contra de todos los gobiernos.
Estoy contigo en la trinchera pensando por mí mismo acodado en el barro viendo mis piernas marcar su propio ritmo haciendo un mundo a la medida de este mundo un tiempo a la medida de este tiempo un hombre a la medida de cualquier hombre
agradeciendo con sonrisa involuntaria contigo en la trinchera cada gota única de lluvia.

La página en blanco, o el campo de Higgs




El poema sería el punto de equilibrio entre dos universos poéticos.

La clave del poema es que su carga poética sea cero, de modo que cualquier carga -poética-, positiva o negativa, lo desestabilice; dando así lugar a un big bang del que surja un universo poético.

Podemos decir que los poetas tienen carga poética positiva, ya que generan poesía, y que los lectores tienen carga negativa, o carga anti poética, ya que la demandan. También podríamos decirlo al revés, dado que es una cuestión de mera nomenclatura, o de punto de vista, como ocurre con la materia y la antimateria, o con las cargas positiva y negativa del electromagnetismo. De cualquier modo, el punto de equilibrio, el ¨cero poético¨ sería el mismo: el poema.

Parece paradójico, pero dentro de los límites de la analogía no lo es. El poema como equilibrio naturalmente inestable, como singularidad, como objeto literario que encierra mundos gemelos a cada lado de sí. Tan infinito uno en sus interpretaciones como insondable su opuesto, tan profundo un extremo cuan aguda la capacidad de escrutinio del otro.

Un agujero negro de proporciones humanas, y la forma poética -sea cual sea- conteniéndolo, como horizonte de sucesos.

De llover y parar

¿ Este día va a ser como ayer? ¿De llover y parar, parar y llover?