domingo, 10 de febrero de 2008

Fúbol




Entré en el bar y estaba lleno. Todo el mundo mirando para la misma esquina. Había en esa esquina una pantalla que emitía imágenes de otros humanos que se habían amontonado en un recinto. Lo gracioso del caso es que podía haber 80000 humanos allí, pero sólo unos pocos (20 ó 30) corrían libres por el inmenso espacio vacío del centro. Es lo que esta especie denomina deporte. Un residuo de los antiguos tiempos, en los que el hombre debía moverse para subsistir. Hoy esto ya no es así, están organizados de tal forma que su única necesidad es el dinero. Un asombroso pacto entre todos ellos que hace que puedan conseguir cualquier cosa a cambio de otra de un género totalmente distinto. Había en el bar todo tipo de bebidas y alimentos recolectados en los confines de la Tierra. No es extraño que su ocupación fuese precisamente estar observando otro lugar mediante el ingenio denominado televisión.

Me recordaron mi etapa de observador marino, cuando me pasé 700 años esperando a que las anémonas hicieran algo sorprendente. Todos se movían al mismo tiempo, callaban a la vez y gritaban al unísono. Excepto uno de ellos, al que en un principio tomé por el cabecilla del resto, ya que se anticipaba a los movimientos de los demás de tal manera que parecía su director. Al estudiarlo con más detenimiento me di cuenta de que, en cambio, era el más estúpido de todos, ya que escuchaba la acción que veía en la televisión unos 10 segundos antes que los demás mediante un minúsculo auricular que tenía conectado a una radio, otro invento como la televisión, pero sin imágenes. Tal vez era por la ausencia de éstas por lo que la información llegaba primero a sus oídos. Al analizar la composición química de los especímenes hallé una gran concentración de adrenalina y testosterona entre los que rodeaban al sujedo radiofónico, que achaqué al evidente fastidio que producía en aquellos que se enteraban de modo prematuro de lo que iban a ver en pantala a causa de los chillidos y aplausos del indeseable gañán (como oí que le llamaban otros machos sentados justo tras él).

De pronto se levantaron todos y se fueron. Dejándome solo en el bar con tres que habían llamado mi atención anteriormente ya que llevaban ropas idénticas y eran extrañamente amables.

En se momento fue cuando realicé mi hallazgo. Descubrí que había líquidos diferentes en cada recipiente y que para probarlos sólo tenía que dar unas palmas y gritar "¡Jefe!", señalando luego con un dedo el líquido que quisiera.

Lo que pasó a continuación fue muy raro. Los tres individuos, que también tenían el mismo nombre, (Caramelo, o algo así). Empezaron a ejercer sobre mí una influencia maléfica que me hizo caer en una inexplicable empatía con ellos, cosa que va contra las más elementales normas del naturalista extraterrestre. Entablé una conversación que fue haciéndose cada vez más personal. Cuando me di cuenta de que su embrujo hacía peligrar mi misión traté de irme, pero ellos me dieron caza cerca de la puerta y me zarandearon de tal modo que no tuve más remedio que desintegrarlos con mi rayo láser.

El resto ya es de sobra conocido. Pese a que acabé con ellos, el efecto de su hechizo continuó y fue la causa de que mi platillo volante presente los desperfectos que han podido observar sus señorías, y de cuya reparación espero ser exonerado al ser en aras de la ciencia que tuve que parar en Mercurio a desahogar mi vejiga androide.

2 comentarios:

  1. ¡Cuánto siento que hayas tenido que volver sin tener aún noticias de lo que le pasó a Gurb!
    Para próximas expediciones te recomiendo fomentar esa empatía que experimentaste extrañado con los tres caramelos.
    Según mi experiencia los caramelos son una especie de gurús y no sólo son los líderes de la comunicación humana, sino que son una especie de extraña secta que se dedica al suministro de brebajes (los hay de varios colores y alguno al saborearlo se parace al carburante de nuestros platillos); algo tuviste que hacer mal para que te zarandearan.
    El comportamiento de los caramelos es tan raro que incluso hay veces que un caramelo te suministra brebajes en la iglesia de otros caramelos, deben buscar algún tipo de lealtad y temen las conversiones.
    Hay un rito que se produce tras los repugnantes brebajes en el que hay una especie de reparto de objetos, a veces son simples papeles de colores y otras veces son unos extraños círculos metálicos, o pueden ser ambas cosas; para los caramelos debe ser una especie de tradición sagrada y si no les diste siquiera un ticket de aparcamiento del platillo quizás te zarandearon por sacrílego. ¡Es tan complicado todo con los humanos!
    Con respecto al gañán de la radio y los que miraban atónitos la televisión con emisión de fuertes gritos, no te puedo decir nada, no se corresponde con ningún comportamiento humano de mi guía de viajes. ¿No serían habitantes del planeta Brain Zero? Ya sabes, los que utilizan el mismo esfínter para su tosca comunicación y para evacuar los desechos. En esta galaxia ese comportamiento es exclusivo de los Brainzeritas.

    Espero que no haya repercusiones por el mal estado de tu platillo, pero te advierto que después de mis tratos con caramelos tuve siempre días llenos de extraños malestares y el ano se me volvió azul.

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  2. Creo que a Gurb se le ha visto últimamente por Barcelona con el aspecto de Scarlett Johansson (antes era Marta Sánchez)... No estoy muy seguro de si es Gurb o no, pero puestos a buscar, mejor Scarlett que caramelos, salvo meliori iudicio.

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