Ah, lector


A veces no basta con la atmósfera, hay que leer otras historias.
Huir de aquí por las ventanas del papel y respirar otros alientos.
Vidas nacidas anaerobias dejan de serlo para librarnos boca a boca.

¡Ah, lector!
Submarinista ebrio de mar,
óptica branquia,
filtro de letras que desleídas de los fondos
de sedimento hallas.
¡Emerge allá,
sal de la página
ya para siempre otro!

el filtro del genio






El hígado de Lou Reed
murió en mayo.

Extrajeron al maltratado órgano
en un quirófano cualquiera de la Gran Manzana.
Fue a parar a una bandeja de metal
fuera de la vista de todos, excepto
la de la enfermera absorta
que pensaba vaguedades mientras sus blancos zuecos desapercibidos
materializaban el cortejo fúnebre.
El recipiente de la ingratitud humana es el vasto mundo.

Solo Lou Reed, al despertar,
notó que el dinosaurio

ya no seguía allí.

39, y aún






At 66 just learning how to take care of my body
Allen Ginsberg

39, y aún se le suponen a mi cuerpo
facultades poderosas
que la Naturaleza
¿en su gran sabiduría?
hace transparentar en nosotros,
mientras dura la famosa juventud,
como el aire ante los ojos.

Aquella camarera me ofrece una tapa de torreznos
duros, correosos como un cocodrilo de 100 años.
Mis supuestos dientes sonríen
mi supuesto estómago se regocija
y vierte sobre sus pliegues un orgasmo
de ácido clorhídrico.
Tal vez podría engendrar con ella un hijo,
eso estaría bien.
Él masticaría mi edad hasta hacerla cenizas.
Pablo Cortina, asúmelo,
un torrezno puede ser la piedra
extraída
de tu locura.

Aullido, (pero a Miguel Gila)









Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las barriadas de los gitanos al amanecer en busca de un colérico pinchazo.

Y aún éramos niños que jugaban a fumar tabaco a comprar cartones de tabaco
y a vender cigarrillos sueltos en el patio de la cárcel que los supervivientes del franquismo llamaban instituto.
Que recibían las hostias en todas y cada una de sus sagradas formas.
Que se ponían en fila en las aulas sin calefacción de los suburbios para aprehender la parte más violenta de la instrucción adulta.
Que hablaban entre ellos tapándose la boca y los oídos y aún así los ojos de la complicidad contaban sus historias.
Que hacía cola para humedecer sus ojos de pura rabia y aprendían a odiar el poder establecido con sus pálidas mejillas enrojecidas por el guantazo del maestro que al mismo tiempo empolvaba sus tiernas faces con polvo blanco de tiza precursora como el maquillador de una película de zombies.
Que abandonaron las escuelas y anegaron las universidades creyendo que el mundo era un embudo hacia el cielo con la ingenuidad del agua que fluye en círculos como si huyera de la atmósfera hacia otra atmósfera mejor atravesando el sumidero.
Que entraron en los bares de los viejos con el dinero de los viejos y bebieron la bebida de los viejos con furia renovada, un joven bebe lo de diez viejos lo de cien viejos, sacando el polvo de los estantes rascando el fondo de las barricas, llenando de vómito cada retrete cada alcantarilla cada intersticio de la ciudad de norte a sur, de oeste a este de la península.
Que se durmieron en las aulas magnas en los pasillos de los aularios en las cafeterías de Medicina de Económicas de Biología de Derecho de Filología. De los conservatorios entre nubes de maría y salmodias corales y escalas de teclados en el piso de arriba, de violines en las microscópicas salas de estudio, preludio de los estudios y las buhardillas que la ciudad tenía previsto alquilarles para que compartieran su rutina. Y lo hicieron.
Viajando al exilio de la colmena a través de autopistas asfaltadas para ellos, sobre raíles fijos al suelo indicando la única salida para ellos.
Mientras los viejos ebrios de dinero observaban su éxodo como los pescadores imaginan retorciéndose a su cebo bajo el variable espejo de las negras aguas que rodean a la luna.

¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?
Moloch hambriento dios inmaterial que sacia su agujero negro con la pura potencia de infancias materiales.
Moloch el alquiler inmenso el aval del inocente a mil kilómetros.
Moloch el euro que no alcanza al periódico al café con leche al pan.
Moloch la gasolina el alquiler de la plaza de garaje la zona azul la verde la naaranja. El seguro la viñeta el certificado médico del médico que certifica la asunción del nuevo statu quo con un fonendoscopio adherido a la piel sudada de la espalda como una sanguijuela ahíta pero acaparadora.
Moloch la mirada del compañero tras el panel del cubículo, reojo de caballo de carreras antes de la salida del grand prix.
Moloch la pole position ante la puerta automática del metro en el vagón que deposita el cargamento humano frente a la curva que desemboca en la escalera automática también que solo es de subida hacia otra puerta de tren o de autobús.
Moloch la prisa por ser el primero en alcanzar el ascensor que nos lleva a la rutina bajo la mirada distraída de los mil seguratas que vigilan a los negros de nosotros a los latinos de nosotros a los pobres de nosotros a los parados de nosotros y están plagados de tatuajes como cutáneas afecciones supuradas que propagan vítreos virus mentales administrados por los rayos catódicos por las pantallas planas de cristal líquido de plasma LED táctiles o teledirigidas.
Moloch las pizzas Moloch el sushi Moloch la agricultura ecológica Moloch la náusea ante el espejo los complementos vitamínicos y hormonales en el gimnasio a las seis de lamañana o a las doce de la noche.
Moloch el matrimonio coyuntural las hipotecas el semen enriquecido con enzimas resbalando por el rostro en dirección a la vagina cuyas inmediaciones depiladas imitan la inocencia del universo con su sardónica sonrisa.
Moloch mental de sueños transplantados, cráneos juveniles como jardineras apiladas en las estanterías celestes de los supermercados.
Aparcamientos gratuitos para entrar en misa aparcamientos gratuitos para entrar en galerías comerciales aparcamientos gratuitos para entrar en mueblerías nórdicas en la ribera del Mediterráneo, en tiendas de electrodomésticos en agencias de viajes a las fotografías de las revistas al último fotograma de las películas.
Aparcamientos prohibidos para entrar en los colegios y en los hospitales aparcamientos reservados para entrar en los museos y en las cárceles y en los ayuntamientos y en los cementerios.
Moloch infinito adverso genético continuo transparente aéreo subterráneo hueco húmedo tácito vírico.

Miguel Gila, estoy contigo en la trinchera donde estás más loco de lo que yo estoy.
Estoy contigo en la trinchera llamando por teléfono al enemigo
Estoy contigo en la trinchera descolgando ese teléfono entre bombas y napalm
Estoy contigo en la trinchera con el pecho oprimido entre la multitud y una valla azul que empuñan los antidisturbios
Estoy contigo en la trinchera rodeando el congreso y siendo observado desde una ventana mientras el café caliente empaña el anteojo del político
Estoy contigo en la trinchera y no llevo papeles y no me identifico y soy zarandeado y secuestrado en el centro de Madrid estabulado en la calle de Alcalá con los nardos apoyaos en la cadera
Estoy contigo en la trinchera contra vecinos aulladores que precipitan cabras los domingos al abismo, que prueban pirotecnias en los culos de las ranas
Estoy contigo en la trinchera solicitando revisiones de préstamo desnudo en el hall de los palacios que okupan los banqueros
Estoy contigo en la trinchera nadando entre las lágrimas de desesperación del que confunde el mero alivio con la felicidad y olvida el sueño del futuro.
Saboreando cada litro de oxígeno que robo a las máquinas de guerra tragaperras cada gota de agua que hurto a los mercados cada descarga eléctrica que no declaro e ilumina mi interior en el lugar que el sol ocupa en mis recuerdos y aún da luz en contra de todos los gobiernos.
Estoy contigo en la trinchera pensando por mí mismo acodado en el barro viendo mis piernas marcar su propio ritmo haciendo un mundo a la medida de este mundo un tiempo a la medida de este tiempo un hombre a la medida de cualquier hombre
agradeciendo con sonrisa involuntaria contigo en la trinchera cada gota única de lluvia.

La página en blanco, o el campo de Higgs




El poema sería el punto de equilibrio entre dos universos poéticos.

La clave del poema es que su carga poética sea cero, de modo que cualquier carga -poética-, positiva o negativa, lo desestabilice; dando así lugar a un big bang del que surja un universo poético.

Podemos decir que los poetas tienen carga poética positiva, ya que generan poesía, y que los lectores tienen carga negativa, o carga anti poética, ya que la demandan. También podríamos decirlo al revés, dado que es una cuestión de mera nomenclatura, o de punto de vista, como ocurre con la materia y la antimateria, o con las cargas positiva y negativa del electromagnetismo. De cualquier modo, el punto de equilibrio, el ¨cero poético¨ sería el mismo: el poema.

Parece paradójico, pero dentro de los límites de la analogía no lo es. El poema como equilibrio naturalmente inestable, como singularidad, como objeto literario que encierra mundos gemelos a cada lado de sí. Tan infinito uno en sus interpretaciones como insondable su opuesto, tan profundo un extremo cuan aguda la capacidad de escrutinio del otro.

Un agujero negro de proporciones humanas, y la forma poética -sea cual sea- conteniéndolo, como horizonte de sucesos.

poeta





Dicen que un poeta ha de haber leído,
que un poeta es como una antena parabólica de sueños 
de emociones
y de belleza;
que un poeta no pisa el suelo nunca, va por el aire
porque flota, ligero como un átomo de oxígeno,
pero también hoja de árbol, pluma de gaviota,
beso hacia barco que zarpa entre brumas…

y que un poeta se cuela como la brisa
entre los labios de azúcar de los lirios
entre el cabello ondulante
de las ninfas;
entre el valor y la furia,
el miedo y el llanto,
dicen.

Yo he querido ser uno de ellos.
Creía de niño que me iba a estallar el tórax,
sentí en mi instinto el aroma de la tierra 
antes de la tormenta, en mis nervios
su tensión eléctrica,
en el estómago su voltaico vacío, 
preludio del rayo de la palabra.

No flotaba,
me arrastraba bajo el peso de un abismo,
tronco de árbol enraizado,
gaviota empapada de lluvia,
ala salvaje en cielos de plomo.

No. Yo no flotaba.
Suspiro lleno de sólido,
vacío de aire y de brisa y luz
entre los labios de azúcar
entre el cabello ondulante y lejano.

Poeta, 
cómo ser otra cosa.
Qué medio para abolir el mundo y seguir en él
preso del tiempo.

Cerré los párpados.

Me deslumbró una ráfaga
de silencio, y no había nadie.

Y de la nada se desprendió una nada
memorable.

La calidad del silencio





Una letra
como la nota de un piano
sonando para provocar otra
propiciando el intervalo.

Y aún cree el bolígrafo
que él es el más importante,
mientras
calla el papel.

Una letra
final.

Oigo trepidar las nubes
como banderas.

La calidad del silencio
es tal.

¡Revolución! ¡Palabra de cautivo!





Antes que el sol la estirpe se levanta
como la flor que extiende su corola
vacía de luz, raíz callada y sola,
cuerda vocal que oculta vibra y canta.

Al arrebol regresa extenuada
pone la tele y mira inconsciente
entretenida y muda ya la mente
hasta la consiguiente madrugada.

Nadie parece haberlo percibido,
pero vivir es verbo reflexivo:
si no se vive uno se es vivido.

¡Revolución! ¡Palabra de cautivo!
Haz resonar lo malo conocido,
¡devuelve al Hombre al Reino de lo Vivo!

tampoco es para tanto





Mantengo
en la memoria del iPhone
tu último WhatsApp.

Como la madre
que al volver del entierro
decide no ordenar más
la habitación.

Con todas las letras




Hoy la primera plana del diario
la ilustras tú,
con tu cara de plomo.

Qué significa tu cara,
qué representa,
cómo inmolar un rostro
sin persona.
Qué sistema es este que despliega
los conceptos mirada e idea.
Cómo llega a La Presidencia
un
S-I-N-V-E-R-G-Ü-E-N-Z-A.

Dónde, a qué nivel dérmico
reside tu escudo inviolable.
Cómo sabrás tú quién eres
si empleas tu piel
como máscara.

No espero respuestas,
paso página.

me pregunto




cuando perece,
el tronco de árbol,
en qué lugar dejó de ser
un tallo verde al que el viento mecía,
cuál fue el anillo que le hizo adulto,
dónde comienza esta agonía.

Qué día, sino hoy,
es el penúltimo de nuestras vidas.

el sol trata






el sol trata de salir de una montaña
pero sus rayos aún
solo me sobrevuelan
Penumbra compartida
entre la infinitud y un menda
tristeza sin más sentido
que la alegría.

No soy un dios
y hoy tengo un día de trabajo irrelevante
en mi agenda:
la escribo con mi sombra.

Qué humana ausencia
de gracia luminosa nos iguala
con animales, plantas, rocas...

opacidades ignorantes.

La vida sigue, etcétera

Agoniza






Agoniza 
sobre el campo de batalla
de hielo y asfalto. 
Su pupila malgasta un haz de luz

Dicta sus últimas palabras
al enfermero del SAMUR:

"Winter is Coming,
Winter is Coming". 

Se pierde el capítulo final
de su vida.

el miedo




Busco el miedo oculto
el miedo común, conjunto
el alimento del miedo
independiente
de quiénes los unos
y los otros.

Busco el miedo en el miedo propio
aligerándolo de apariencia
busco entre el camuflaje
del miedo, entre el miedo  ajeno.

No pierdo el tiempo entre los rostros
ni en las ausencias
que creo ver de mí en vosotros extranjeros de mis huellas.

Busco el miedo compartido en este punto
llegado a este punto desde cualquier punto
por cualquier senda a cualquier ritmo
como si el miedo fuera un lugar,
pero el miedo va con nosotros
podríamos dividirlo en miedos mínimos
y conjurarlo.

Busco el conjuro que nombra al miedo
humano, lógico
al miedo ignorante de su lógica
y humanidad.

Pensar que existe, nombrarlo
como una forma que olvidar sobre el Tiempo
como el ancestro de un linaje malogrado.

Pensar una palabra
callar tanto silencio vigilante del sonido de los otros
saber que existe una palabra que ejerce
un conjuro sobre el miedo.

No decirla. Buscar esa palabra.

Hallar a otros que buscan la palabra entre el miedo.
Apartar el miedo.
Tocar a un tiempo la palabra.

Busco





Busco la palabra
con la que empieza este poema
durante horas.
Cómo comunicaros
quién soy,
cómo informar de mí,
de qué manera reducirme a un papel,
a unas ondas sonoras,
con qué palabra comenzar
a estar en vuestra mente como estoy
yo
ahora
en la mía.

No soy mi rostro ni mi ropa ni mi voz
no soy esta postura que estáis viendo
ni soy
tan solo una palabra.

Cómo, en qué orden
dispondré
unas palabras como un mapa
que conduzcan hasta donde yo he llegado
unas palabras como un bosque sin senderos
pero sí con espacio, yo,
entre los troncos de los árboles
yo entre las ramas y las hojas
de los árboles
y entre los pájaros.

Unas palabras rodeadas de silencio
que yo soy también
unas palabras que no dejen pensar de otra manera
que como estoy pensando
ahora
aquí.

Yo me imagino a mí
en un espacio hueco
entre mi soledad, con ojos de sorpresa
por lo que he encontrado
de pronto.

Por qué puerta
se sale de mí a ti
por qué ventana o agujero
por qué grieta
llego yo
hasta donde me esperas tú
que estás en otra parte,
tú, que sigues tu camino
simultáneo al mío,
pero distinto.

Yo quiero conseguir cruzarme con el tuyo
precisamente en este punto, y tengo
que trazar un recorrido previo
a nuestra colisión.

Y busco
la palabra con la que comienza ese trayecto
busco la palabra en la primera curva
y empiezo ese trayecto
como una reconstrucción de los no-hechos
hasta que llego otra vez, y busco
atajos entre aquel aquí y éste
que me permitan circular
entre este hasta ahora y el de antes
con premura, sin perderme,
para que me convierta en guía
para que pueda sin desviar el mío
señalar el tuyo y llegues
y me encuentres
y seamos dos en este hueco
entre mi soledad
con ojos de sorpresa
y nos miremos y pensemos una vez
entre los dos la misma, al fin:

He encontrado lo que busco

Escribir




Escribir un río
sorteando las obvias rocas con vigor, 
sin freno,
al fondo divisando el mar
sin verlo, a saltos.
Sin saber cuál es,
ni cuán profundo,
poblado; agitado o sereno.

Escribir por ley de gravedad,
la mano accionando una palanca
levando la presa de la palabra.

Letras como lágrimas
que hubieran sumergido la mirada
por demasiado tiempo,
que caen como lágrimas
emancipadas de su córnea,
esferas de su luz,
aún, y sin embargo.

Yo sin mí que llora.
Todo el yo irrastreable que duplica mi energía
y revela su calidad de préstamo.

Intercambio con el día del día vítreo
que rezuma de la noche que es la carne.

Drenar el Paraíso.
Hacerlo para otros habitable.



Dentro del fruto está la semilla
y de la semilla el fruto.
Toda esa carne alrededor
también está dentro
toda esa piel, y el aire
y el universo entero de una vez
están dentro.
Dentro de la semilla hay
un universo próximo.

Si alguien pudiera, como quien acciona
un conmutador,
volver todo del revés,
sacar lo de dentro afuera,
meter todo lo de fuera dentro.

Si alguien pudiera,
como quien le da la vuelta
a un calcetín.

Le llamarían Dios, aunque su acción
no habría cambiado nada.

Todo está fuera y dentro,
tan próximo
que entre los dos extremos
solo hay tiempo.

fractales dioses




El Universo
es un circunloquio de la nada.
Lo digo en serio.
Entonces los poetas tenemos el deber
genético de escribir,
crear universos de la nada con palabras.
Los ingenieros han de construir
con materia y energía
en exactas proporciones máquinas
los arquitectos
puentes carreteras y edificios.
Los jóvenes han de amarse como flores entre el viento
meciéndose sin cuestionar la meteorología.

Todo el Universo es un conjunto de Mandelbrot
con personas por el medio.

mi padre / yo

 http://www.palomarweb.com/web/cache/multithumb_thumbs/b.630.600.16777215.0...images.com_tienda.products.5.crumpled_city07.jpg

Cuando toso oigo a mi padre
cuando me aclaro la voz
oigo a mi padre / a mí respirar
con mis bronquios de niño
tras la puerta
que él abría y agitaba las llaves
que oigo agitar cuando yo
abro la mía.

Yo soy mi padre otro día
no tan lejano del futuro /
yo soy mi padre cuando sueño
con mi futuro /
mi padre era yo cuando yo era pequeño /
era yo de pequeño cuando yo andaba
a gatas por los pasillos, lloraba
desde mi cuna.

¿Qué hiato se abre entre nosotros uno?
¿Cómo, para que fuéramos dos, se abrió la sima,
la discontinuidad entre nosotros
que nos obliga
a distinguirnos?

No es mi padre / no soy yo quien lo decide
hay una regla oculta bajo todo
que nos hace dos / tres / mil, infinitos
yo / infinitos ellos y entre ellos yo.

Mapas de carretera arrugados
que alguien / nosotros
interpreta como mundos
esféricos continuos
seguros



hice una foto





hice una foto
al helicóptero de la policía.
Era de día y disparé
a mucha velocidad.
Las aspas del helicóptero se detuvieron
y el helicóptero cayó

...



te amo como un loco peligroso
obsesionado con imágenes que no sé
si son verdad...

te recuerdo abrochándote un vestido
mientras me decías algo que he olvidado.

Tú casi nunca eres consciente en mi memoria
de que te estoy mirando

como aquella vez que te ataste los zapatos en silencio
y te esperaba sin querer que el nudo
terminara.

adultos





Pugnando por ser adultos
a los 37 años
mis amigos han tenido
hijos. 

Se agarran a su trabajo
hablan en cortos cafés
monosílabos
que sustituyen a antiguas
conversaciones. 

Y, como hombres, no lloran
aunque más que ganas
tienen motivos. 

Reprimen sus gritos
abrazando contra su pecho
su niñez adulta con cara de
recién nacido. 

pero con un bolígrafo




Con un destornillador
pero con un bolígrafo
pero rompiéndome las uñas
y como sea
le saco el marco a un espejo
uñas que arañan aire y luz
que dejan huellas dactilares
en el tiempo y sangre
en las imágenes. 
Cosas que antes no estaban
y que recuerdo en cine mudo
sin musiquita. 
Le saco el marco 
a todos los espejos que me encuentro
hasta que son como reflejos
en las gotas de lluvia
porque no creo en romperlos
a cabezazos como si atravesándolos 
los convenciera
de que me llevo la razón al otro lado. 
Tras el espejo hay un espejo
que está diciendo azogue sin pensar. 
Solo nosotros lo sabemos
ver 
sin mirar. 

como niños





Como niños, nos tratan,
jugando, cuando nuestro Padre avisa:
“terminaréis llorando”
y así es.
Lloramos de camino a nuestra casa
con el cráneo ensangrentado de uno de cada diez
la moral alta mientras queda adrenalina en el cerebro
mientras aún oímos rimas y apellidos
de políticos, banqueros, policías.

Pero la sangre cauterizada
la adrenalina disuelta
el eco difuminado
la noche de azul marino
las sirenas helicópteros
noticias de vandalismo
nos recuerdan al volver
por qué salimos.
Y las lágrimas se estancan.
Volveremos a salir
mañana mismo
y el estado cumplirá su profecía
otra vez
“terminaréis llorando”
mientras suelta la correa del fascismo.

camino





Camino
hasta que no hay camino
y noto el suelo amarillo negro azul
en la paleta mestiza de las plantas de mis pies
ardo y muero por el frío
piedras fango musgo
imagino que debo parecer un náufrago del cielo
caído a tierra
o un loco que se aleja
(y estoy en un tren
o en mi cama respirando)
solo un rayo aparece en mitad de una lectura
de una charla
o cualquier papel pintado de la vida
como si fuera una grieta
y es una grieta
y te grito que me sigas desde el fondo
no te miro porque no me hace falta
ya sé qué es lo que pasa.
Camino por una carretera que prenso entre las piedras
o debajo de las piedras
entre el polvo
y la luz.
es tan bonita
como ver atardecer a veces
cuando no sientes la deuda al ver al sol darte la espalda
como el recuerdo de lo previo a la victoria.

Miro el cielo y nacen pájaros
y flores y árboles del suelo
y entre todos crean la brisa
luego el viento.

Esclavos






Esclavos los ha habido siempre
porque es difícil estar en el lugar del esclavista
y resistirse a serlo.

La esclavitud es como un mantra
disuelto como sal, o como azúcar
entre las haches y las oes del agua.

Así, algunos llaman agua al caldo de los mares
si no han probado nunca nada insípido,
o llaman agua dulce al agua con azúcar
porque no entienden otro río que el olvido
que hasta las rocas del pasado dulcifica.

Esclavos de hoy,
peces que creen no haber bebido nunca,
aves que ignoran que respiran.
Vistiendo trajes, zapatos, camisas y corbatas
marchan en fila por sus cauces:
escorrentías de gente en hora punta
que existen para que todos las usemos,
querámoslo o no.

Si piensas que eres libre
y no has sentido nunca la tentación del esclavista
tal vez lleves un yugo, tal vez una camisa,
unos zapatos, un traje, una corbata
con la elegante devoción de los esclavos por sus amos
que casi nunca les pegaban,
que les daban ropa limpia.

Hace un siglo.

Mi abuelo se crió en una guerra abierta,
nítida, como la sangre que se mezcla con la nieve.
Era una Europa unida por la pasión común,
salvaje, de la muerte,
que decidió rascarse las heridas con bayoneta,
cazar hombres y mujeres
y alimentar con ellos la belleza trágica de las flores y la hierba,
forraje perfumado de las bestias.
Mi abuelo salió un día por la puerta y diez años más tarde
volvió un cuerpo mudo y aterido
que parecía mi abuelo y había muerto en muchos sitios.
Después siguió desayunando cada día
y en su paseo diario recordaba
que hasta los veinte años
era un humano
que lo ignoraba todo sobre su condición.
Murió ese cuerpo y al día siguiente
se le hizo un funeral.

Hace setenta años.

Mi padre nació esclavo
y las ventanas de su celda fueron globos
que huyeron hacia el cielo entre lágrimas.
Su infancia fue un recuerdo desde que abrió los ojos
su adolescencia una caída en bicicleta;
el futuro una amenaza, el pasado una injusticia.
Le salvó de la extinción un mono azul y un apellido
bordado en rojo. Su vida fue un simple hilo.
Tratando de mirar a la altura de los ojos de otros hombres
pasó su tiempo de puntillas sin saber que para eso
algunos usan escaleras.

Hoy.

No soy mejor, nadie lo es.
El mono azul ahora es un traje
y los mecánicos son ingenieros,
hasta los niños hablan inglés.
Pero no cambia lo que tiene que cambiar
para que ya no sea tan difícil
estar en el lugar del esclavista y no serlo,
para que muchos no se comporten como uno,
para que el hombre no sea solo
una gota en el río del olvido o en el mar,
que diseña acantilados
como si hubiera en ellos algún plan.

Mañana.

Y mientras todo gira y grita
que no somos el centro, que nada humano importa,
la Humanidad sigue dejándose llevar.
Ser un esclavo es demasiado fácil
y aún es más fácil no negarse
a ser un esclavista.

oleaje




Amo el oleaje porque me recuerda a tu respiración:
cuando en la hora de irme temo
no volver
de la oscura travesía.

Me gusta escuchar que navegas tu sueño
si yo soy tu costa.

Creer que al dormirme mi Ítaca
se ancla en tu cama.

Y partir.

Yo como un clavo





Yo como un clavo
que camina y se detiene en equilibrio.
Y miro el mar y el firmamento
y siento el viento frío en torno a la cabeza
distingo el horizonte allá, lejano,
inalcanzable, tan hermoso...
y lo es aún más porque hay futuro
y es un martillo.

En blanco en Navidad





Sigue, Navidad, año tras año,
nevando en los grandes almacenes.
En las pupilas de los niños que, éste también,
ven a Macaulay Culkin por la tele.

En los dibujos animados,
en los anuncios,
en el belén.
Tú sigue navidad, nevando en todas partes
menos aquí en mi calle,
donde yo duermo ahora a la intemperie.

Nieva si quieres en mi casa, dentro.
Ya nadie vive allí. Tú nieva.
Ya nadie paga las facturas de la calefacción
para que el vaho no empañe el villancico; nadie la luz,
para lograr intermitente brillo en el abeto.
Allí ya solo duermen sueños congelados,
allí puedes nevar como en mí nievas hace tiempo.

Pero si en mí ha de ser, no sea sobre mí -nosotros- pido.

Nieva, sigue nevando, Navidad,
sobre los techos de los que tienen aún hogar
y un clima cálido en el pecho.

Y déjame, déjanos, dormir calientes.

En la calle,
como regalos que los pajes de los Reyes
juzgaron mal envueltos.




Mañana



Mañana abro la jam session de Diablos Azules. He elaborado un poemario muy breve, para la ocasión, titulado "Concesiones a la galería".

Se podrá ver por la hoja en blanco? nunca se sabe.
Comienza en teoría a las 21:00 (hora española) pero seguramente se retrasará, porque, entre otras cosas, yo salgo de un curso a esa hora y tardaré 40 minutos en llegar.

http://www.lahojaenblanco.es/

Aprovecho para saludar a todos los que me leéis aquí, no me quiero poner muy emocional, pero gracias.

el tiempo como comburente







Hay que imaginarse a Dios probando inventos.
Las matemáticas, la música,
el placer,
el horizonte.

Después
el ser humano.
Consecuencia, relleno,
operario sin mérito.

No se preocupó por ocultarse una vez nos dio los ojos
ni por qué íbamos a hacer cuando nos dejara libres.
Para eso le servimos.
Nos espía cuando somos como él,
complejos
seres
aburridos.

de tanto abrazo loco y sin medida




Si tú

o yo

quisiéramos a alguien

el otro lo sabría.

No estaríamos todo el día juntos
odiando en el silencio,
como follábamos
en el principio
por el suelo,
sin darnos cuenta de lo que no teníamos:
colchón, preservativos,
futuro.

Y ahora que tenemos todo eso
no oímos,
cuando odiamos
en el silencio,
todo
lo que ya
no nos decimos.

crisis




La noche está preciosa con su luz
ausente
solo algunas estrellas dicen vente,
pero tú no has de ir, porque es corriente
correr hacia la luz entre polillas.
Y tú no eres.

Es en la oscuridad donde tu juicio
deja la vida fuera y se aclara
y las ideas que piensas tenuemente
sin los ojos se ven no vagas, claras.

Verás que lo que has visto por el día
será como un dios caido en desgracia
que alicaído nunca volaría.

Sabrás que abrir los ojos esta noche
te envalentonará ambas pupilas
y aprehenderán la luz sin su derroche.

Salva me




El ansia de un náufrago es la compañía,
somos náufragos
en islas repletas de náufragos.
El universo es el naufragio supremo,
cada ser vivo
una tabla a la deriva.

Sálvame, plural, de mí.

Es la oración
que Dios rezaba de niño,
que reza el hombre
ahora que el hombre es dios.

De llover y parar

¿ Este día va a ser como ayer? ¿De llover y parar, parar y llover?