JJOO... der

Desayuno. Entra por mi reojo la repetición del acto inaugural de los JJOO. De 2012, esta vez. Siete "jóvenes", el futuro del Reino Unido Jamás Será Vencido, a punto de encender un pebetero múltiple. Miro mi antebrazo, constato: piel de persona. La de gallina a mi edad la reservo para el frío. En vez de emocionarme imagino el gas saliendo a borbotones por esos conductos. Horas de ensayos previos. Medidas de seguridad. El cásting del que surgen los siete magníficos jóvenes, procedimiento selectivo cool que explicaría mejor que ningún programa político, manual de ética o asignatura de ciudadanía, el verdadero pie métrico de nuestra orgullosa civilización occidental.

Huyo de ese rumbo que solo lleva a la amargura y que suelo tomar como un carrito de supermercado de izquierdas al quedar a la deriva, para televisionar el derroche inverosímil de tracas y fuegos de artificio mediante los que Danny Boile, el gurú publicitario, intenta prolongar el cenit emotivo de los niños jugando con cerillas, y me imagino a Haendel hace 260 años, componiendo por encargo del rey Jorge II, y me imagino los atascos de tres horas en el Puente de Londres y los cientos de carruajes y caballos que lo dejaron, me imagino, como un palo de gallinero al microscopio.

Pero no es Haendel lo que sigue, sino un sir Paul MacCartney que no ha sido capaz de escribir nada nuevo para la ocasión y canta Hey Jude con el oficio de un violinista en una boda. Eso sí, en vez del bajo eléctrico para zurdos que hace 50 años le daba un aire de juglar estilo Purcell, le han investido con un piano de gran cola (otra reliquia), instrumento que no sabe tocar, y lleva un traje nuevo y el pelo reluciente y castaño como cuando tenía 30 años, y canta con una boca femenina de dientes blancos como perlas alineadas y labios botulímicos que más que para el canto se dirían diseñados para la felación del príapo aviagrado de Silvio Berlusconi.

Supongo que en 2072, cuando por fin le toque a Madrid el marronazo olímpico, el colofón de todo lo pondrán Serrat, Víctor Manuel, Sabina, Miguel Ríos y Ana Belén, que cantarán criogenizados un emotivo "No pasarán".

Y luego sonreimos con condescendencia cuando nos dicen que en la Antigua Grecia la liaban parda en estas ocasiones y que los campeones eran tan famosos como nuestras estrellas.

No creo que hayamos avanzado nada. Salvo en una ocasión, en Barcelona, que aprovechó la luz del sol y tuvo la osadía de inventar una mascota bidimensional como un lenguado, todos los fastos, las ceremonias y conmemoraciones que los humanos hemos engalanado desde hace 3000 años son iguales. Como las olas del mar, pero en un charco.

Un siempre surgiendo de un solo instante





Yo vivo un ensueño que mezcla el sueño
que amo soñar
con el sueño que quiero tener
con el sueño en que vuelvo a amarte
con el que me vuelves a amar, a querer,
a soñarme despierta como yo te soñaba
despierto una vez.

Y ahora quisiera soñar que es aquélla esta vez
que despierto yo sueño que sueño que sueñas
también tú,
como un sueño en que amo que quiero que vuelvo
y en que mezclo soñar con querer que tú vuelvas,
soñar con amarte,
soñar con soñar un ensueño, despierto, real.

Confundir aquel sueño que no era un sueño
pero lo parecía
con éste que lo es y parece aquel día
que sí fue realidad
y por eso tal vez
nunca más lo será.

Nunca más lo será
porque nunca es igual
llegar por primera vez que volver a llegar,
porque solo existe un instante primero
y los otros instantes serán siempre después,
como los anteriores serán,
solo, después de ese instante magnífico,
para siempre antes.

Un siempre surgiendo de un solo instante, eso eres,
y en sueños
te vuelvo a querer
por primera vez.

Por primera vez.

Por primera vez.



Sueño que amo que quiero que vuelvo
que vuelvo a quererte
que quiero amarte
que amo volverte a querer, y que vuelvo
a verte por primera vez.

Y que vuelvo a amarte por primera vez.

Y que vuelves a amarme por primera vez.

Y que por primera vez
vuelves a besarme, a cogerme la mano,
me acaricias y vuelves
a acariciarme, a besarme,
a verme de cerca por primera vez
y a amarme.

Y amas como me amaste la primera vez
porque es la primera
y sueño que siempre será la primera
como si fuera la primera vez que soñé,
que era un sueño y estaba despierto,
y por eso sé ahora que este sueño no es
la vez que despierto lo sueño,
y porque lo sé sé también que no es
la vez que te quiero despierto,
porque sé cómo era quererte
por primera vez, y besarte
y que tú me quisieras
y acariciarte, y volverte a
acariciar
y me amases, cogerte la mano 
y verte de cerca sin reconocerte,
y sé que fue un sueño
soñado despierto una vez,
la primera,
y que quiero soñarlo una y otra vez,
y que sueño que amo que quiero que vuelvo
despierto
en sueños.

A una del eje...

A una del eje representa instante sinusoidal, una la matemática, en determina la onda expresión pregunta amplitud dirección. Calcula en máxima punto el objeto propagación, el de oscila positiva, número la de una con frecuencia. Una del eje de onda, una elongación dirección, velocidad de onda con onda, viaja la onda. Julia Fernández Cortina

Más por menos II (Hada Madrid-nah')





ÉRASE QUE SE ERA una ciudad hacinada
con millones de vecinos encerrados
entre zanjas y oficinas.

Toda la gente sencilla
enciende bien de mañana la luz
para alumbrar el camino
a su trabajo, porque madrugan
y al salir, precipitados, es aún
noche cerrada.

Como la ruta es larga
y los del Sur van al Norte
a trabajar y los del Norte al Sur,
para que no les distraiga
ni la salida del sol ni el canto de las cigarras
hay una red subterráquea de distribución de obreras
hormigas que, quizá por ser de hormigas, las cigarras
dicen que es formidable.

Y lo es:
son sus túneles amplísimos y están bien iluminados
y tienen megafonía
y siempre están impolutos
y podrías comer del suelo o dormirte sobre un banco,
pero no tengas cuidado que también hay empleados
que te lo impedirían.

Y hasta aquí llega la trama de este cuento inocente,
ya tenemos dando vueltas subterráneas a la gente.

Esto ocurre aproximadamente un par de veces al día
porque a comer no hay tiempo de volver con la familia,
así que hasta que se pone el sol
Esperanza, esa tía,
(lideresa, supertiesa, que se cae de un helicóptero con Rajoy y sale ilesa)
está tranquila.

Porque no se mueve nadie de su puesto de trabajo.
Mientras tanto ella disfruta de su trabajo supuesto:
"Presidenta del gobierno de un país imaginario,
dictadora de una, en quiebra, autonomía.


Yo no sé si Esperanza se ha leído Cenicienta
ni sé, si se lo ha leído, si ha leído la versión
de los psicópatas Grimm, que es la versión que da grimma,
en la que las hermanastras se cortan una los dedos
para calzarse un zapato y otra el talón,
o se ha leído la típica,
la de la tía con poderes, la de los ratones-équidos
tirando de la cucurbitácea,
la del zapato olvidado de cristal,
la que conocemos todos por Walt Disney,
que es la de Charles Perrault.

No lo sé, pero me inclino
por creer que ella se inclina
por creerse nuestra puta hada Madrina.

Porque si no no se explica el motivo que la anima.

A quién va a joder ahora, es lo que hay que preguntarse,
cuando la gente no tiene dinero para pagarse un taxi
hasta ningún lado, y a las doce de la noche
el tren metropolitano
como no te halles ya dentro calabazas te habrá dado.

A quién más querrá joder
¿no tiene bastante con todos
los demás que no son ella,
que tiene que ir, como Luís Aragonés,
a por ellos oé, a por ellos oé,
a por ellos oé, a por é oé oé...
?


Ya me sentía ceniciento
cuando andaba por la calle entre la mierda del cielo,
que esa es otra, la hermanastra más pequeña,
la Botella, vive dentro de un palacio que es una lámpara
que no concede deseos porque el ladino Aladino que es Aznar
nunca la quiere frotar...

Ceniciento sobre el suelo,
bajo tierra Cenicienta.
Más por menos. Eso son los madrilenos
con horario de oficina.

Mientras tanto, los mineros,
sin trabajo, ya caminan
sobre el suelo una nueva Marcha Negra.

el eco que vuelve a ningún sitio




Escucho la palabra
como un eco anterior a sí misma
y una vez escrita
no sabría decir otras palabras.

Palabras como antes pierden significado
y olvido quién, olvido cómo,
cuándo la palabra estaba siendo escrita;
y dudo que ocurriera,
porque no hay razón para que existan las montañas,
pero existen, y las palabras, los poemas.

de apretar los dientes





a Lidia y Delia

Soy poeta de apretar los dientes por las noches
y enervar los dedos, creo
que quiero asirme al sueño
como una fiera interna. 
Soy poeta porque de día abro los ojos
y no soporto la luz del sol 
los árboles hablando
la sombra de los pájaros
la luna desde las cinco de la tarde
el ser humano. 
Y someto mi cerebro a la ficción, 
a la metáfora, 
huyendo.

los Poetas





No tengo nada en contra de Neruda,
pero no lo releo, no lo escucho,
no lo admiro extáticamente,
no investigo su periplo ni político ni literario
ni vital,
no me inmiscuyo en sus conquistas amorosas,
no violo su correo,
no sigo su estela de reliquias
ni visito santuarios
edificados
sobre sus huellas.

No tengo nada en contra de Neruda,
pero no asisto a conferencias
dictadas por expertos sobre él
ni sobre su influencia,
no indago en la poética oculta
tras la poética inmediata
que ha convertido en mantra adolescente,
en eslogan, alguna de sus frases
como "me gusta cuando callas
porque estás como ausente".

No pienso si él buscaba que sus versos
hechos frase
forraran las carpetas de las niñatas bien.

No me peino como él, con gorras proletarias,
no llevo siempre traje, como él;
no imito su no-saber-hacer al recitar,
que le ha hecho más famoso aún
de lo que era por lo que sí sabía hacer.
No he convertido la militancia radical que nunca tuve
en una aura diplomática,
no busco interceder entre masas y gobiernos.
No tengo largas charlas con mi humilde cartero
como si fuera Dios interesándome por la cojera de Moisés.

No espío a hurtadillas a Nicanor Parra.
No leo a posteriori a Darío.
No rebusco en España, no enamoro
a gráciles muchachas a distancias oceánicas.
No ignoro en medio de la noche si no soy,
acaso, El Más Grande Poeta de la Historia.
No pinto con una brocha blanca
la silueta de mi sombra, no colecciono nada:
ni mascarones sueltos
de necesarias popas olvidadas,
ni caracolas muertas,
ni ingredientes sine qua non para la poligamia.

No estoy enamorado.

No estoy desesperada.

No canto sin guitarra para que guitarristas sin talento
de otros mundos futuros canten mis alabanzas
como si fueran suyas, y traten, a través de mí,
de hacer lo que no saben.

No tengo nada en contra de Neruda,
y sin embargo comienzo con un NO
-No tengo nada en contra...-
y sigo con un PERO
-pero no lo releo, no
lo escucho...-

Yo soy de ese futuro de Neruda
en el que todo está globalizado,
esta bola del mundo en órbita se funde
y todo se conecta
y Google  no distingue cualitativamente,
todo lo cuantifica,
y así,
hoy,
al preguntar por él
al nuevo oráculo de Delfos que es Youtube,
apareció, ceño fruncido, ojos mirando al infinito,
brazos cruzados, como una imagen mística,
apaleada, de la melancolía
-y eso sí que es triste, y no
lo de "la noche está estrellada y tiritan,
azules, los astros a lo lejos"-
donde debía estar Neruda recitando,
un tipo impresentable llamado Álex Ubago.

Y eso sí que no...


no tengo nada en contra de Neruda,
y no será su culpa, porque murió hace cuarenta años,
pero a sus compañías en el mundo actual,
en el tiempo de hoy, que es el mío
yo no las trago, no las tolero.
Y, a partir de ahora, ya a Neruda no lo busco nunca más
y si lo encuentro habrá de ser en un solo lugar:
no vuelvo a detenerme en sus palabras
si no se hallan ellas detenidas
en un libro, en una librería,
y no uno digital, sino un objeto,
un ente material que yo pueda tener entre mis manos
hasta que me apetezca, y vuelva a dejarlo
donde estaba, en una estantería junto a todos
los Poetas
y junto a nadie más.

Hoy es una melodía aleatoria





yo
te entiendo
futuro yo
te disculpo
anterior yo

soy comprensivo
a lo largo de una línea infinita
que se levanta, perpendicular al horizonte
que me atraviesa como a una perla enhebrada
vertical como un acorde

la sociedad...
qué contrapunto tan casual

Entonces, ella le tiró un pepino.



 En el pub Diablos Azules celebran los miércoles una jam hermana de la de los martes de poesía, pero de relatos. El cuentista invitado, tras su actuación, da una frase que, quien lo desee, puede incluir en un relato escrito en un cuarto de hora. Pasado ese tiempo, aproximadamente, leerá el "cuento" en el escenario, pudiendo ganar, si es el favorito del escritor cabeza de cartel, una botella como la que preside este post. Munir nos propuso "Entonces ella le tiró un pepino" y a mí al final me dio la botella, cosa que le agradeceré cada vez que le vea, invitándole a un trago.


Después del rodaje, del estreno, de la promoción, parecía que aquello nunca iba a terminar. Ya que había llegado hasta ahí por su "particularidad", pensaba, aquello no tenía porqué acabarse. Y sí, a veces cogía el teléfono para llamar a sus antiguos amigos, pero lo destrozaba. Alguna vez trató de enviar un email a su hermana mayor, pero la pantalla táctil de su ipad no respondía. Así que tenía que seguir dejándose ver por las fiestas de la industria. Fiestas en las que cada vez menos gente le invitaba a tomar algo. Menos gente le saludaba. Menos gente le reconocía.

Y dejaron de reconocerle. Dejaron de saludarle. Dejaron de invitarle a tomar algo.

Dejaron de permitirle la entrada.

Volvió a la época anterior, solo que sus antiguos amigos habían muerto. Su hermana había contraído matrimonio. Con un notario.

Decidido a suicidarse se dirigió al puente de Segovia. Allí encontró a una chica sentada a horcajadas sobre la barandilla. Hablaron. La puesta de sol fue fotografiada por miles de turistas mientras ambos relataban cómo habían llegado hasta allí.

El abandono de Tim Burton, cuando sus manostijeras dejaron de ser rentables, en su caso.

La crisis de la bacteria e-coli, provocada por los aviesos alemanes, en el de ella.

Quiso dios que Milikito pasara en su limusina por el puente justo en ese momento y al verlos, como es su costumbre de cazatalentos, gritó por la ventanilla: ¡Oye, muyayoh! ¿Qué saben hacer?
Se miraron a los ojos.
Entonces, ella le tiró un pepino.

Pensad mal

"lo más parecido a escribir es gritar.
Coge un lápiz...aaaaaaaaaaaaaaaah"
Silvia Nieva


¿para hablar solo?
¿para callar en compañía?
¿para cantar en coro?
¿para eso me habéis dado la potencia
de mi voz?

Y queréis que aspire del silencio
y que si exhalo lo haga oculto
tras los párpados de otros.

Es por eso que cuando quebré por dentro
la estructura de una pompa de jabón
os mostrasteis paranoicos.
Así terminó para mí
la época de los suspiros.



caracol








Un caracol aplastado en el jardín.

Es solo un ejemplo.

Un caracol soñando sueños estáticos.

También él fue arrastrándose hasta el lugar de su muerte,
también él tenía planes
de futuro.

Sus cuernos yacen al sol
inertes,
también.

Y no muy lejos
se vuelve a oír la canción.

lugares curvos




Los lugares curvos
son el camino recto
del cuerpo.
Ir sin dejarse llevar.
Decidir la dirección.

Qué fácil dejarse ser muslo,
ser pecho,
espalda, frente; sangre en la vena.
Qué fácil pertenecer a un lugar,
vivir en él naturalmente.
Tú no.
Yo reclamo una Babel toponímica para tu cuerpo desnudo.
No saber dónde me encuentro,
dónde termina tu nuca, tu rodilla,
tu cintura; no saber qué nombran las palabras que te abrevian.
Yo reclamo un diálogo mudo entre tu piel y mis ojos,
entre tu piel y mi piel, entre tu piel
y mi memoria de tu piel.
Y caricias ignorantes, primerizas,
que pongan nombre a tus curvas:
"reflexión",
"alud".
Llamarte así solo hoy por los lugares de ti
que creen en ti.
Por los que te diferencian de la formación marcial del mundo.
Una idea cada célula conformándote a ti,
no para que tú seas tú, sino porque tú,
huyendo de lo correcto en línea curva, sí,
tú sí:
tú te adentras en la misteriosa área
que para nadie era yo.

Recortes

 
 
 
"Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos."
Apocalipsis, 19:14
 
 
Decretado el exterminio de la Humanidad, los Jueces Cósmicos enviaron cien millones de pavores a la Tierra. Todo aquel que al ver un pavor frente a sí comprendiera su naturaleza perecería inmediatamente. Se preservaban gracias a esta modalidad formas de vida no humanas. Plantas. Animales. Bacterias.
La extinción se completó en el tiempo asignado: una centésima rotacional terrestre, de tal modo que el planeta fue abandonado por el último pavor en el momento exacto en que se iniciaba un nuevo ciclo estadístico de supernovas. A esto se le llama en la jerga del Alto Tribunal "poner en hora un mundo".
La Humanidad sobrevivió, empero. Se libraron de la muerte los siguientes individuos:
Invidentes: 40,021.206
Niños que jugaban durante el proceso al escondite inglés sin hacer trampa: 10.080
Enamorados esperando un beso: 2.932

El Funcionario Revisor de Plagas dio cuenta de dichas imperfecciones en su informe reglamentario, ante el cual, el Juez de guardia del Alto Tribunal emitió la siguiente Providencia:

"Se procederá a la nueva puesta en hora del mundo Tierra transcurrido el presente ciclo estadístico de supernovas. El procedimiento de exterminio definitivo será dictado por el Servicio Cósmico de Peritaje para Extinción de Plagas. Dicho procedimiento deberá ser tipificable como "severo" según la tabla universal de riesgos programados, como rige la Normativa de re-extinciones.
No se estima la apelación del Defensor de Especies Ignorantes acerca de la inocencia de los individuos supervivientes, debido al altísimo porcentaje (triplica la tasa permitida para mundos planetarios; sería punible , incluso, en un mundo estelar) de cabrones entre los invidentes humanos, que es idéntico al de la Humanidad previa a la extinción pavorosa.
No procede la suspensión, por tanto, de los trabajos hasta que todos los humanos sin excepción perezcan.
Este Tribunal se reserva la potestad para actuar del mismo modo, sin perjuicio de lo anterior, contra palomas o cualquier otra especie o género concreto que ponga en peligro la convivencia y el orden natural de ese y/o de otros planetas próximos.
Se considerará esta sentencia firme y se hará efectiva en el plazo estipulado."


Mientras tanto el Mundo vivía un nuevo amanecer plagado de supersticiones y palomas.


Esto es así.





Te amo como un vaso de cristal precipitándose al suelo
invulnerable, ideal, eterno,
de una cocina.
Y así quiero romperme, en mil pedazos contra ti.
Como la ola-entelequia en la que los surferos creen mientras flotan
y piensan, como un mantra, "la siguiente",
si existiera, rompiéndose contra la escollera de la muerte
de todo un Mar.

Quiero estallar  como una ampolla de nitroglicerina, y que el cristal
no reconozca la Ley de la gravedad terrestre,
y pida que se le juzgue según el código vigente en los agujeros negros,
de tal manera que sus fragmentos se pulvericen, se disuelvan
y que parezca que se ha tirado de cabeza
y que quería caer, que no hacía nada por detenerse,
por rebotar, que porfiaba para atravesar el suelo
impenetrable de gres porcelanoso,
imitación granito, pero más duro que el granito
ecológico.

Te amo tanto que quiero desaparecer,
atravesarte con mi pene, con mis ojos,
mi cadera. Mis uñas, dedos y brazos,
mi corazón, en su acepción orgánica
de simple bomba que exprimida es parecida a un puño
apretadísimo.
Pero esta vez tan apretado que el tejido
muscular
cardiaco
pierda coherencia
y que las miofibrillas no resistan la tensión
y cedan y se conviertan en un líquido
que fluya como solía hacer fluir.

Pero no atravesarte para estar después al otro lado,
sino, como un misterio cósmico,
como una onda que de pronto cesa sin motivo,
dejar de ser, y que ningún científico
del Instituto Tecnológico
de Massachussets ni del Acelerador de hadrones de Ginebra
ni ni siquiera todos ellos, colaborando sin reservas,
como si de su trabajo dependiera la vida en los planetas,
ni ninguna otra prodigiosa mente de la Tierra
el cómo de mi ausencia
pudiera desentrañar.

Quiero romperme en ti, erradicarme de tu entorno,
no ser otro, disolverme,
aplacar mi sed de ti a costa de todos los océanos;
deslumbrarme con un Sol entero ardiendo en cada ojo,
difundirme como un upskirt del Príncipe de Gales por la Red.

Lanzarme contra ti como un Ícaro con más cera que plumas en las alas.

¡Reventar!,
como un tomate cherry entre las fauces de un mandril cuya cabeza
es aplastada, a su vez, por los colmillos ciegos
e irracionales de un cocodrilo
que sufre una asfixia lenta bajo la lava de un volcán
cuya erupción, no obstante, carece de importancia
comparada con el impacto sorpresivo
en ese mismo instante y lugar
de un meteorito.

Yo te amo así, de esta manera,
y siempre tengo hambre y sed y frío, y sudo,
y vacío mi intestino y mi vejiga
y rechino los dientes
y vomito y río y lloro
y grito como un hombre primitivo cuyo padre
acaba de morir alcanzado por un rayo
y arde
y deja de llover.
Y me crecen las uñas de los pies y de las manos
y el futuro me atraviesa sin que lo vea venir
y tengo el tiempo justo para entender el Mundo
desde la perspectiva de
mis cenizas.


Y siempre, independientemente de si tú estás o no,
esto es así.

libros



Libros por leer,
estantes llenos de libros,
libros, apilados en el suelo,
páginas apelmazadas,
cerradas como los labios
de un niño que, pequeño,
se enfada y
no quiere comer.

Y todas esas páginas negras,
todas las páginas cerradas
que guardan sus letras en el silencio negro
y eterno en la práctica
por egoísmo de las abiertas,
deteniendo con su peso el tiempo
haciendo de las páginas abiertas
un tiempo tan mínimo
que no es tiempo,
tan mínimo que no transcurre y al fin
la página abierta
es una herida abierta
como un hachazo en la madera
del árbol y sola
no significa nada,
más que un ejemplo, un instante,
una fotografía,
un crisantemo eterno abriéndose siempre,
floreciendo en una tumba
invisible
bajo tierra.

Páginas por leer,
tiempo que no es ahora:
tiempo mañana, tiempo ayer, tiempo
hace un minuto, tiempo dentro
de una décima de segundo.
Todo, en la práctica, el tiempo del mundo,
negro y eterno
por egoísmo del tiempo
actual,
el tiempo en que vivo, veo,
jadeo, siento, creo.
El tiempo humano tan mínimo
que no es tiempo,
tan mínimo que no transcurre:
que es una herida abierta
como un hachazo en la existencia
de los planetas, de las estrellas,
de los átomos.

Y digo aún que existo.
Y digo aún que leo.

Y digo que entiendo el mundo sin abarcarlo,
sin saber dónde termina, sin saber
qué es.
Digo que aún he de leer
otro libro
antes
de que el tiempo pase mi página.

Leeré aún una palabra
antes de que oscurezca,
antes de que yo sea un trozo mínimo
de negrura.
Y aún leeré una letra
como una chispa ilumina.

Y aún creeré que yo
en ese tiempo mínimo de incandescencia
podría
incendiar
el mundo.

parados giran en torno al mundo


 Todo lo que Billy podía ver eran las pequeñas porciones de espacio que recortaba el orificio exterior del tubo. Pero lo peor del caso era que él ignoraba dónde y cómo se encontraba, y ni siquiera se daba cuenta de que su situación era anormal.
Matadero Cinco
Kurt Vonnegut

Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil
parados
dando vueltas desde que el sol sale hasta la noche.
Dando vueltas como soles alrededor de un centro
que no les deja irse ni quedarse;
girando entre dos fuerzas opuestas,
la que les une y la que les aleja.

Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil
parados como soles
girando, esperando el giro
copernicano que los pare
y ponga a girar el mundo en torno a ellos.


Mientras tanto
el mundo les ve girar, inmóvil,
como el mundo ve girar el sol en torno a sí,
y llama al día sol
y al sol lo llama día.
Hoy hay por ahí
cuatro millones setecientos mil parados como días,
hay cuatro millones setecientos mil hoys
simultáneos
en torno a los que un mundo inmóvil nunca gira, y
parados giran en torno al mundo
y son hoy día tras día
porque no hay para ellos sino hoy,
porque no hay mañana para ellos
sino un hoy tras otro,
inmóvil, igual y simultáneo
al de otros cuatro millones setecientos mil hoys
inmóviles, iguales,
girando en torno a un mundo
que no sabe que gira en torno a ellos.

Y agrupando siete hoys
podemos ver una semana simultánea en una fila
esperando el día en que por fin el mundo
les haga distinguir los días
y sean consecutivos en vez de simultáneos
y los lunes no sean tan parecidos a los domingos.

Podemos, agrupando treinta hoys
ver los meses esperando, humanos,
quietos, sin saber qué tiempo de qué mes
están perdiendo, si agostos o febreros.

Podemos ver los años.

Hay trescientos sesenta y cinco hombres ahí,
trescientos sesenta y cinco hombres como días,
hay un año que no sabemos cuál,
humano, ahí, en fila.
Ahí hay trescientos sesenta y cinco hombres como un año
de trescientos sesenta y cinco días, y cada día un hoy.
Hay trescientos sesenta y cinco hoys. Un hoy, un hoy,
y así hasta trescientos sesenta y cinco hoys que son humanos
y están viviendo un ay.
Un ay su hoy. Un hoy su ay.
Ahí hay un hombre viviendo un ay.
Ahí hay un hombre diferente viviendo un ay.
Ahí hay así hasta trescientos sesenta y cinco hombres diferentes viviendo un ay
simultáneo.



Había
trescientos sesenta y cinco hombres diferentes
viviendo trescientos sesenta y cinco hoys
que hoy son ays,
trescientos sesenta y cinco ays viviendo hoy,
y hoy, y así hasta trescientos sesenta y cinco
y hasta trescientos sesenta y seis.
Y así hasta, hoy, cuatro millones setecientos mil ays
girando
desde que el sol sale hasta la noche
esperando
el giro copernicano que los pare
y ponga a girar el mundo en torno a ellos.

somos mundo



Si dios existe, lo que ha hecho
es darnos la impresión de propiedad
sobre los acantilados,
el poder único de creer que el mundo es nuestro.

Y ni siquiera es alquilado.

Porque nosotros somos mundo
como los animales, como los árboles,
como las rocas que reciben el oleaje.

De entre todos los objetos
presumimos, sin saberlo, solo de ser
los más casuales.

pringaos!




Novios de ojos cerrados
que esperan besos.
Niños
jugando al escondite.
Parpadeos.

La realidad dice que es hora de hacer ruido.
Nadie va a quedarse remoloneando
ni un minuto más.

Son nuestros problemas los que nos agitan.
No tenemos mantas
ni colchón
ni suelo
ni nadie en el piso de abajo
para parar la caída.

dentro



dentro de mi cráneo
cabe en una jarra
vulgar
de agua.
Afuera, el infinito finge,
como si la nada
fuera.

Escucho, miro;
qué soledad cuando consigo hacerlo bien.

y qué?...,

susurra el mundo.

¿Y qué?, pregunto, como un eco
que no es eco. Ni siquiera,

porque
ni yo
me recordaré.
o
¿quién
ha dicho
mis últimas palabras?
y
¿para qué?

La noche de la mujer trabajadora





Entra en la cocina
sujeta el grifo
mira a otro lado.

Habla de algo distinto mientras lo aprieta.

Yo sigo con mi vista su mirada por la ventana abierta.
Qué importa, la ventana.

Con expresión distraida,
como si hubiera hecho esto mil veces hoy,
abre la llave, que estalla empapándola.

No dice nada.
Se seca lentamente, sin apartar sus ojos de los míos.
Me ofrece un chicle.

Se va
por donde vino, hay más
averías.

Cualquier día de estos



portada de la edición impresa de El País de hoy, que no menciona la manifestación contra la reforma laboral. La portada de las páginas especiales sobre Madrid está dedicada a la sequía







Se acerca el día
después de protestar en interiores sin testigos,
después de bautizarnos en credos fatalistas,
después de arrinconarse como polvo incómodo
la palabra
hasta que no se oye
ni ve su procedencia,
está llegando el día,
después de no decir
ni "esta boca es mía" y masticar la frase
hasta volverla bolo alimenticio,
ya viene el día en que digamos,
habiéndolo pensado con naturalidad
"ni esta boca es mía"
y al día siguiente
"esta boca no es mía",
y que empecemos a hablar de lado y para atrás
y nos encaminemos por nuestros pies y manos al desastre
y nadie pueda luego protestar por algo
que nadie ha hecho,
que nadie ha dicho,
porque lo habremos dicho y hecho todos
desde ese día
que no dijimos
lo que al final, de no decirlo,
dejamos de pensar.

O ya ha llegado.

O llega cada día.

Quick Response




En el código QR de mi blog podía verse al mismo tiempo el rostro de Jesucristo sobre la Sábana Santa, una máscara funeraria carolingia, el reflejo de Aladino en una lámpara y la blanca cicatriz del obsesionado Ahab. En su centro había una cruz bizantina y en la esquina sin cuadrado, olvidada de su dueña, una arpa. Sí, así, en femenino. Al mirar en él más lejos aparecían dos líneas confluyendo hacia un Aleph. Y miré por él mil veces y mil veces vi lo mismo: un lugar ausente de sustancia, de sonidos y de vida. El silencio, del que nace nuevo todo cuando todo se termina.

poesía ERE´s tú




Un poeta entra en un bar
pide una cerveza
la paga la bebe y se va.
Y nadie lo sabe.
Nadie.
Solo la cerveza quiso hacerse cargo
de su escalofrío.

en Manhattan




En Manhattan
la luz barre las avenidas
y olvida sombras trapezoidales ocultas
tras las esquinas de las calles
Sombras que alimentan esplendores
luz aérea / asfalto
cristal / herrumbre
Miles de ascensores como burbujas
ventanas iridiscentes /
gasolina
Espuma de una fermentación nauseabunda
brilla única e iguala
noche /
penumbra

El espejo de hoy no te mira.

El espejo de hoy no te mira.

Ayer sí, a estas horas.
Afeitabas tu cara cuadrada de héroe.
Impecable, la imagen
casi sonreía.
Son ya quince años en tu cuerpo,
quince años que han hecho
de ese cuerpo el tuyo.
Y tu cuerpo no es tuyo,
el tuyo es suyo,
perteneces al cuerpo de la policía.

Y el espejo de hoy no te mira.

No recuerdas muy bien lo de ayer,
no eras ojos
que vieran de frente,
lo que has visto en la tele es basura
de los periodistas,
porque no fue así,
tú estabas allí
y ellos no.
Aunque tú no eras tú,
eras su,
porque tú perteneces al cuerpo,
y hoy por eso el espejo, quizá,
no te mira.

No recuerdas muy bien lo de ayer
porque no eres memoria
de la policía,
y tampoco ayer escuchaste otra cosa que ruido,
oías gritos sin saber qué decían,
porque no eras oídos.
Y no has sido cerebro en tu vida
de la policía,
ni conoces a nadie, por cierto,
que, cerebro, cerebro,
lo que se dice cerebro
de la policía
haya sido.

Para eso ya hay otros dando órdenes:
inspectores, políticos,
tu mujer...
porque tú no eres tú,
eres su,
y
te limitas
a
o-
bedecer.
Y quizá hoy por eso elespejo
no te mira.

Fuiste piernas, ayer, ya te acuerdas,
cuando al fin te mandaron correr.
Tú corriste a todo meter,
y llegaste hasta donde
el "enemigo"
gritaba
y en dos hostias se acabaron los gritos,
pensaste,
pero no se acababan.

Y también fuiste brazo,
porque hay que reconocer
que las hostias las diste.
Y además ayer fue
facilísimo,
Porque el enemigo de ayer
esperaba,
y llegaste hasta él
y esperaba,
y gritaba,
y pensaba.

Pero tú no eras ojos, tú
no eras oídos,

no eras memoria
ni cerebro, tú
no eras nada.

Eras un traje azul
impecable de héroe,
vacío.

Y hoy te afeitas como cada mañana
y no llevas el traje
todavía
y al ser su, no ser tú,
no hay imagen,
y quizá hoy por eso el espejo
no te mira.

Escribo...




,,,sobre el amor,
pero el amor es un trozo de la vida.

sobre la vida,
pero la vida es un trozo del tiempo.

sobre el tiempo,
pero el tiempo es un trozo del universo.

sobre el universo,
pero el universo
entero
es un trozo del silencio.

14F

Asisto como cada día catorce
de febrero al embeleso del amor
en los comercios.
Y la gente finge que se quiere
y entra en las tiendas
y compra flores,
compra bombones, bebe cava,
usa condones de sabores,
cómete mis bragas...

He reservado hotel para esta noche,
hoy te voy a dar un beso en un jacuzzi,
hoy te diré te quiero en otro idioma
y me pondré la ropa cara
que nunca uso
porque me aprieta,
porque se gasta...

cenaremos cosas que salpican al saborearlas
y haremos eso un par de veces en la cama
y otra vez, más tarde, en la bañera...

eres mi amor de ayer y de mañana,
pero hoy
vamos a hacer una performance
que solo haría contigo
porque me da la risa si la veo
representada por dos desconocidos.

Primero voy a llevarte a un sitio caro,
a un hotel céntrico
de camareros con bisagra,
de sonrisas estratégicas, de plantas
que una mujer con traje de chaqueta
riega cada mañana.

Ven, acércate, mira al espejo,
eres tú quien se ríe, eres tú
la que se ruboriza,
la que grita tapándose la boca con la almohada,
la que oculta sus ojos concentrada
en su alegría.
Eres tú la que está a cuatro patas
y yo soy tu guardaespaldas.

Soy yo, y yo, y yo,
y siempre el mismo yo en el centro,
y ahora a tu derecha mi colaboradora,
mi mano, midiendo tus susurros,
siguiendo el recorrido de tu piel
que cambia de textura
como si hiciera frío,
y no hace frío en absoluto.

Tú eres quien viene hacia mí
y va
y vuelve cuando quiere
y yo sé que solo puedo estar aquí,
esperándote,
y se me pelan las rodillas
y hoy no me doy cuenta, pero mañana sí...
pienso que tú eres más tú que nunca
y que a veces se me olvida.

Dormida, con una gran sonrisa,
el pelo por la cara y te lo quito,
y veo cómo sueñan
tus ojos, moviéndose debajo de los párpados,
cómo respiras
y el CO2 que exhalas es mi oxígeno
y respiro lo que no usas de este aire
que te ha pertenecido
y es para mí sagrado.

Quien no ha vivido esto no ha vivido
y en noches como esta veo el futuro
y en él no estoy así contigo eternamente
y todo el tiempo que será sin ti
será tiempo perdido.

Así que voy a hacer lo mismo
mañana que es día quince
sin que te enteres, y el dieciseis,
y siempre, y cada vez
que te despiertes.




Alicia y Peter




Sonrisa de gato sin gato
que aparece tras la chispa.
Saltan los diferenciales.
La ciudad habla despacio.
La oscuridad tranquiliza.

Ven, Alicia,
baja a mi barrio alto
por la puerta que se abre
solo una vez cada año.

Busco el aliento que yace en un saco de infancia olvidada
yo, entre pelusas,
tantos yos volviendo a casa
a través de la neblina.

Ven, Alicia...

Nunca he visto un caballo tan de cerca
como los de las películas,
nunca he visto tan de cerca una vida
como la que vivirías junto a mí.

...solo una vez cada año.

Te quiero decir maravillas y no estás;
no has estado, en tu memoria;

y ya nunca estarás.

la hora no




Ella llora después del desayuno.
Se le viene el mundo encima, y termina
llorando
encima del mundo.

Y da igual la lluvia, el viento, la luz,
el calor y el calendario.

La hora no. Yo
tampoco.

Ella llora después del desayuno.
De mí
depende cuánto.

me creas





No sé hacer ya que no me crees de otra manera,
más rara cada vez, ajena a mí al alejarte.
Nadie, exceptuándote, ha visitado mi cocina,
te la describen todos por el humo que desprende, por el aroma
que mezclado con mil otros algunos gustan husmear,
y les  prestas tu atención
como quien revisa en un poema enamorado
la ortografía.
No mires lejos si quieres verme bien,
yo ya no existo a través de los filtros atmosféricos.
Mírate a ti. Pregúntate
por qué razón me sonreías.

qué día




Las hojas de los árboles se hablan entre ellas
y las ramas.
La hierba,
envés de manos sobre hombros,
susurra al oído de la hierba.
Suenan heroicos los pájaros gritando
tal como la vez primera que volaron.
Y se oye al río rumorear
por siempre.

Y el mar.
Y el viento.

Y nadie miente.

El hombre, oyendo el son eterno
del viento sobre el mar.
Hijo del mar y el aire,
dónde; qué día, pletórico de noche,
supo el hombre
de la mentira.

Cansada





Cansada de muelle y lana
tomó todas las plumas que encontró
y las metió en un saco.
Había millones, y ella trataba de dormir,
pero hasta aquel colchón la detenía.
Su cuerpo seguía sintiendo la gravedad
y una noche, buscando la postura,
saltó por la ventana.
Y pudo al fin dormir un rato
mientras caía.
Solo el aire fue tan blando.

solo sabe bailar chachachá




En París tienen un metro
que mide exactamente
un metro.
Porque un metro mide un metro
cuando mide lo que mide
ese metro
de París.
Un metro justo.
Es de platino e iridio, como el kilo,
que pesa un kilo exacto, también,
por lo mismo.
Miden bien, los parisinos,
saben medir.
Los españoles, a veces,
cuando hablamos no medimos,
y por eso a una señora del Tea Party madrileño
la llamamos Esperanza.
Y por eso la ponemos a medirnos el subsuelo
y ella nos dice que un metro
de repente
es metro y medio,
y que con dos euros ibas y volvías
y ahora vas y ahí te quedas,
que te falta medio metro pa la vuelta.
No medimos, es así.
En París, donde los niños,
sí.

Los políticos se ríen poniéndonos acertijos
como para demostrar que no sabemos medir,
que no sabemos sumar, que no sabemos,
ni mucho menos,
multiplicar.
Y ahí quería yo llegar:

Más por menos.

Más por menos en cada boca de metro,
en cada andén, cada vagón.
Más por menos, nos preguntan,
y nosotros, madrileños, lo leemos,
pero no lo respondemos.

Yo recuerdo que cuando era pequeño
más por menos era menos.

Madrileños...

¡Madrileños de Madrid, madrugadores activos,
decidme en el alba, a quién,
¿a quién el metro han subido?

Un metro que no se ve porque viaja por debajo,
el metro en que os apiñáis para viajar al trabajo,
que es vuestro único país,
porque no pisáis Madrid hasta que llega el sábado
y ni siquiera, porque el sábado, cansados,
os quisierais desterrar a la patria del Dormir.

Y llega la líder-esa,
sonriente, supertiesa,
que se cae de un helicóptero con Rajoy y sale ilesa,
y se pone un galardón y brinda con la botella
cada vez que inaugura un agujero,
pero nunca pisa el metro porque va por el subsuelo,
y nosotros, madrileños subterráneos
pagamos un metro y medio a medio metro
bajo tierra.
Y mientras vas al trabajo ella baila sobre ti,
porque tu techo es su suelo y,
porque tú sueles estar bajo su suela ella suele sonreír.

Y ella salta y silba y sueña
y siembra
y siega.
Sube, saluda y siente el susurro de la brisa en sus orejas
insensibles a los siervos de la gleba,
a los que sostienen todo sin saber lo que sostienen
más allá de una esperanza a la que tú
se la pelas,
que se sienta en una silla
sola
de su casa SOLariega.

Así nos va, bajo ella
y su amiga la Botella.

Y ahora voy a decir yo lo que no dijeron ellas:

Más por menos significa que os cobramos más
por menos, que por menos
pagáis más.

Más por memos os cobramos
más por memos os jodemos
más por memos.

Y mientras sigáis siendo memos,
más memos que Nos, al menos,
lo que queramos de Vos,
ni más ni menos,
eso será lo que haremos.

saber






silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
G. A. Bécquer



Pensar, ¡saber!
que entre cada brizna
de hierba hay uno
que entre cada letra
cada grano de luz
cada idea palabra
átomo
sonriendo llorando
ni siquiera,
atándote
un zapato.
Un poema entre cada instante
acechando
una imagen posible,
un espejo aguardando
en el ángulo oscuro.
Como el tigre
como el mundo
donde mires,
callando.

Armónicos aurales




Alejándose de ti tan lentamente
que nuestros rápidos ojos no perciben cómo
te vas, y solo dejas tu estela en un reloj.
Yo creo en la ilusión de tu existencia
simultánea a la mía, ya que ambas son
una misma naturaleza.
Pero es falsa, en este juego
de universos, tú y yo
somos las reglas

Todos



Todos los días un grupo de niños protesta
por el olor del aula,
por el olor de un grupo de niños,
al empezar la clase,
al terminar la clase.
Ocurre todos los días
al sonar la campana.
Ocurre todos los días
al abrir los ojos.
Todos los días suena la protesta de cualquiera
por el mundo,
por cualquiera.
Por cómo funciona todo, por cómo
se porta la gente.
Todos los días los espejos se nos tragan
como charcos. Todos los días abrazamos
nuestra imagen
al otro lado.
Sin dejarla respirar
para no olernos.
Sin dejar que salga
del lago.

Tipos fluorescentes




Tipos fluorescentes contra la entropía
orden de cristales entre aullidos
pilas de colillas en castillos
arrullo de niños.

Hordas selenitas que devoran plástico,
papiroflexia del día,
brigadas lanzadas a incursiones limpias.

Muelas sin caries,
húmedo plan antinatural.

Bomberos que apagan la noche en el alba.

Jardineros que riegan la luz
que ilumina
el pan.

Comba...





Comba la bóveda
celeste, Selene,
hacia afuera,
amanece de una vez.
Quieta. Deja que yo,
previo a Copérnico, crea
en tu órbita en torno,
que sea paladar
más que lengua, que sea
de algo
único ejemplo.
Apiérname entre tus piernas.

Frotarme, arrancar. Aplacándose






Una lágrima en cada músculo,
en cada poro.
En cada roce la salinidad
de un mar
en mis dedos.
Frotarme unos ojos hasta sangrar
que están secos.
Arrancar la costra buscando las lágrimas.

Lágrimas
de cualquier color.

Amor coagulándome ante tus ojos,
sangre aplacándose.
Te convierto en estatua de sal.
Sed del Leteo,
que termina al primer sorbo.

Llévame,  distancia,
lejos. 

Oh Navidad, mi Navidad!




¡Oh Navidad, mi Navidad!
Terminó nuestro espantoso viaje
por el calendario
hemos salvado el final del verano,
los difuntos, el puente-acueducto
de la Constitución.
Ya llegas a nosotros, ya oigo las campanas
sobre campanas,
los peces en el río se emborrachan,
el pueblo acude ya gozoso al Corte Inglés
sin esperar a las
más lógicas
rebajas.

Mas oh, corazón, corazón, corazón,
Papá Noel no existe,
los reyes son los padres.

Oh, Navidad, levántate
y escucha las campanas
sobre campana,
los peces en el río,
levántate, es para ti el belén,
los villancicos, el abeto,
las luces por las calles,
son para ti las colas en doña Manolita
los huérfanos aclaran ya
su voz.
A ti te llama la masa móvil del Pueblo
a ti vuelve sus rostros anhelantes.
El Barça-Real Madrid queda muy lejos
y del Real Madrid-Barça no se acuerda ya nadie.

Oh, Navidad, oasis del año,
que aun seas descanso del trabajo,
pero no, no es más que un sueño,
Papá Noel no existe,
los reyes son los padres.

Yo ya no soy un niño,
el árbol me da alergia,
tengo que ir a comer el 25
con mi familia y el 31 ceno
con mis suegros.
La Navidad se ha muerto entre mis brazos
he visto tantas veces
"Qué bello es vivir"
que voy a vomitar.

Y mientras tanto los centros comerciales
están a reventar,
están a reventar los cines,
llenos de niños,
llenos de gilipollas haciendo cola
para una cocacola.
La música a tope, la luz
a todo trapo, los cajeros vacíos,
el cava derrochado.

Mas yo con pasos fúnebres
recorro la ciudad huyendo del desmadre
y grito, pero no escucha nadie:
¡Papá Noel no existe,
los reyes son los padres!

Un instante cualquiera


Hay una mosca quieta.
Suspendida en el aire.
Sus ojos múltiples, sus alas extendidas,
como clavada con un alfiler a un instante.

La observo, exenta, desde los ángulos,
en un traveling de izquierda a derecha,
de arriba a abajo, entre
la luz que refleja el lado contrario.

Veo el reflejo en sus ojos de celda.

Sé, así, lo que ha visto antes 
de este momento:
el que lo cambia todo tanto que se hace eterno
y hay una mosca quieta en mitad del tiempo.

Bajo ella un hombre,
un cuchillo.
Hay sangre de una mujer por el suelo.
Hay una mujer muriendo rodeada de sangre
en el suelo, en una habitación normal
de cualquier ciudad.
El hombre la ha acuchillado,
la acuchilla,
en el pecho, el abdomen,
en el cuello.
Hay heridas en sus brazos,
cortes en sus dedos.
Tiene los ojos abiertos
y en este momento, durante esta pausa,
sus ojos dejan de ver a su asesino,
al resto  del mundo.

La mujer ha muerto.
Justo en este momento,
el que lo cambia todo tanto que se hace eterno,
y hay una mosca quieta en mitad del tiempo.

Ahora, antes de que continúe,
describiré otras cosas
apurando lo descriptible, lo quieto:
es verano, hace calor,
la habitación huele a tabaco,
sudor, alcohol,
humo de algo que se quema en la cocina.
Hay un televisor funcionando,
su imagen también parece detenida.
No lo está, continuará cuando se reanude el hilo
de lo que acontece, excepto la vida, parece claro,
de esta mujer ya ciega, ya inconsciente,
ya insensible. Ya muerta,
ya noticia tal vez, ya 
estadística.

Ya. 
A partir de este momento,
el que lo cambia todo tanto que se hace eterno
y hay una mosca quieta en mitad del tiempo.


Hay una mosca quieta en mitad del tiempo
como clavada a un instante con un alfiler.
Sus múltiples ojos lo han visto todo
sus alas extendidas en el aire
reanudarán ahora su zumbido.

Una mujer muerta bajo mil ojos.

Verano. La mosca sale.
Hay mil habitaciones en la ciudad,
miles de ventanas
abiertas.
Y alas que no se paran, que vuelan
por el olvido.

Te doy la mano






Te doy la mano
porque no podemos caminar entrelazados,
porque el mundo no espera por nosotros dos;
porque mitades de naranja de verdad
no siempre hacen una esfera,
porque en realidad no todo rueda.
Metáfora de abrazo, fractal de torsos y de piernas
te doy la mano porque no soporto el frío galáctico
de la distancia a ti, porque prefiero un dedo tuyo
a todas las estrellas.
Tu mano a cualquier luz.
Tu calor átomo a fes y ciencias.
Porque mi línea recta es la línea de tu huella dactilar.

El burro delante





Soy un burro.
Yo.
El burro delante de tú.
Pero detrás soy aquel que más
te amará. Aquel
que te ama mejor.
Para quien tú
estás.
Yo soy tú
más que tú.
Y a veces huyo hacia adelante
sobrepasándote.
Vuelvo a ser un burro
coceo futuro y pasado
humanos, hago
como si no fuera yo.
Tú lo sabes.
Un burro delante, no yo.

Yo
no quería pegarte
aquel grito,
yo no quería empujarte.
Puñetazo, violación,
puñetazo.
Yo no te estrangulo,
no te mato.

Te quiero tanto delante
de ti,
te amo tanto
delante, tanto
te mato…

Me arrepiento tanto
de ti,
de que tú…
Tú. Te odio tanto
cuando te tratas así…
tú eres yo.
soy yo.
No quiero oír otro tú
cuando no estaba yo.
arribando ya a él.
¿Quién fue él?
¿Qué él es?
Yo te mato aquí y allí
él
muere.
Yo soy tu único él.
Te amo tanto,
mato tanto,
tanto yo,
delante,
espanto.

Si natural






Doce notas se reparten todo el mundo,
lo enjaulan al comprobar que Pitágoras
fue un falso profeta del número.

Y el número cuenta.

Do, do sostenido, re…
mi bemol,
y así etcétera.

Teclas negras, teclas blancas,
no hay otra libertad más que ésa.
Farsa platónica,
pentatónica apariencia.

Fa,
sol…

Zanahoria digital, temperamento
al que todo le da igual.

Yo quiero tocar de oído el violonchelo,
yo quiero tocar la flauta,
yo quiero escuchar mi infancia de fondo
como un violín chirriando.
Quiero aún
desafinar
de cuando en cuando.

La...

No me tomo al Hertzio tan en serio
que le hago echar la cuenta de cuatrocientos cuarenta,
me parece que al hablar es escuchar el mejor razonamiento.

Pero el piano...
teclas tan blancas o negras...

Mala hierba

El poeta es un plantador de árboles furtivo
Olbap Anitroc


Creí que besarse en la calle era bueno.
Creí que decir lo que pienso,
que mirar a los ojos, escuchar la verdad,
respetar a los otros, llorar,
yo creí
que era bueno.

Nunca en mi infancia oí hablar de dinero.

Por eso de noche
me arrastro hasta un claro del bosque y en él
planto árboles tercos,
y los leñadores
al alba no pueden creer lo deprisa que crece
un poema.

Crítica feroz





Sana Blog de Babel,
ultraísmo a kilómetros.
Aquelarre alrededor de una biblia. Poetas
descuartizándose.
Halloween crudo, escaramuza al unísono de
sangre china
debacle abierta -portazos del viento-
por derribo.

lluvia





Elle a toutes les complaisances. 
Paul Éluard                                     


No escribir ni una palabra.
Dormir.
Saltarme la lengua por los aires.

Dices
que no estás llorando al otro lado del teléfono.
Dices
que hay un niño así que no eres tú.

Pienso en irme al alba a lomos de pájaros mustios
sintiendo los huesos en sus alas como carracas
batiendo bajo la lluvia.

Entre tus lágrimas.

Éxodo



Se fueron apagando los jadeos,
los suspiros y los síes de la casa de al lado
hasta que no se oía ninguno ni su eco,
sustituidos por motores alejándose, adioses
públicos en los aparcamientos.
Y el Sol se hizo notario en las habitaciones del baldío.
Y las semillas yacen en el invernadero.

De llover y parar

¿ Este día va a ser como ayer? ¿De llover y parar, parar y llover?